1. El Hombre que No Debía Cantar


    Fecha: 26/10/2026, Categorías: Dominación / BDSM Hetero Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    ... Alma con la mano abierta.
    
    No fue un gesto sexual. Fue algo aprendido. Una coreografía sin alma.
    
    Ella sintió el contacto como una quemadura sorda.
    
    No por el tacto. Sino por lo que revelaba:
    
    Él también estaba atrapado.
    
    Él también estaba siendo observado.
    
    Él también estaba cumpliendo.
    
    Y Gael, de pie a unos metros, no intervenía.
    
    Ni lo alentaba.
    
    Ni lo detenía.
    
    Solo observaba. Como quien toma nota en silencio.
    
    La mano fue subiendo hasta apretar una de las tetas de Alma, la empujo contra el suelo obligándola a acostarse sin soltarla, se colocó a un lado de ella y su otra mano fue a meterse bajo su pantie. Mientras acariciaba su vagina con torpeza la mano que había tenido en sus tetas ya había subido hasta el rostro de Alma, la acariciaba pasando sus dedos por la boca de ella. La tocaba cada vez con más urgencia, olvidando sus nervios o su miedo y dejándose atrapar por la excitación. La hizo darse la vuelta, ella obedeció no sin antes observar a Gael recostado muy cerca de ellos. El joven bajó su pantíe y dejo su culo al aire libre. Sus glúteos eran voluminosos y en esa posición más lo parecían. El joven también se bajó y se quitó sus calzoncillos, la iba a penetrar. Se ...
    ... colocó sobre ella, el pene del muchacho se acomodó en medio de sus nalgas. Alma no opuso resistencia cuando sin ningún tipo de preparación el pene comenzaba a hacer esfuerzos por meterse en su ano. Alma frunció el rostro pues, pese a que no se trataba de un pene grande igual le causaba dolor y malestar. Alma se dejaba usar como antes. Después del glande el resto del pene entro sin dificultad. Tampoco era la primera vez que alma recibía un miembro en su ano y Gael lo notó. También se fijó que a medida que la violación avanzaba, Alma lo miraba con la cara pegada al suelo y tenía la boca abierta, estaba suspirando, gemía. EL pene del muchacho se deslizaba ya con mucha facilidad, es en ese momento que Gael se acerca, le ordena que se vista y se vaya a su celda. Gael se agachó junto a Alma.
    
    No la tocó de inmediato. Solo extendió una mano y le ofreció su prenda interior, doblada con torpeza.
    
    —Pontela—dijo.
    
    Ella no respondió.
    
    No preguntó.
    
    No lloró.
    
    Solo se incorporó con lentitud, aceptó la tela, y se la colocó.
    
    Cuando estuvo de pie, Gael la sostuvo suavemente del brazo.
    
    No como quien somete, sino como quien acompaña lo que ya no puede revertir.
    
    Caminaron de regreso en silencio. 
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