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Compañeros - Capítulo 14: Citas Paralelas
Fecha: 31/10/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos
... él. —Pues vamos, anda, antes de que me arrepienta. Los dos echaron a andar rápidos, casi corriendo calle abajo, tomados de la mano. Miguel iba medio riendo, medio incrédulo ante la suerte de la situación. Notaba la adrenalina bombear en sus venas: la emoción de hacer algo prohibido, clandestino, añadido al simple hecho de saber que esa noche iba a estar a solas con Carlota en un sitio donde podían desmadrarse sin preocuparse de nada. Al llegar al edificio –un bloque antiguo y señorial del centro– Carlota buscó las llaves en su bolso. Intentaron hacer el menor ruido posible al entrar al portal oscuro. Subieron por las escaleras en lugar de usar el ascensor, para no despertar la curiosidad de ningún vecino con el motor. Carlota iba delante, y Miguel no pudo evitar admirar sus piernas torneadas subiendo los peldaños con prisa, el contoneo ligero de sus caderas bajo el vestido ajustado. Tragó saliva, notando cómo su propia excitación crecía con cada segundo. Finalmente, llegaron a la puerta del piso en el tercer piso. Carlota metió la llave y abrió con cuidado. Dentro estaba oscuro como boca de lobo. —Espera, tengo que encontrar el interruptor… —susurró ella, tanteando la pared. Un clic, y una luz suave iluminó la entrada y el salón contiguo. Miguel entró detrás de ella y cerró la puerta con delicadeza. Miró a su alrededor con curiosidad. El piso estaba prácticamente vacío; tal como había dicho Carlota, parecía deshabitado. Apenas había algunos muebles ...
... cubiertos con sábanas para el polvo: un sofá fantasma en la sala, un par de sillas arrinconadas. La atmósfera era ligeramente polvorienta y olía a cerrado, pero no desagradable. —Está un poco… desangelado —comentó Miguel en voz baja, sonriendo. La situación le parecía casi sacada de una peli: la chica guapa llevándole a un piso vacío para ellos solos. Carlota dejó el bolso sobre una de las sillas forradas y se volvió hacia él con una ceja arqueada y una sonrisa traviesa. —¿Te importa? —preguntó acercándose lentamente. Miguel negó con la cabeza, correspondiendo a la sonrisa. —Para nada. No les hizo falta decir nada más. En la semipenumbra de aquel salón vacío, se quedaron mirando un segundo que se hizo eterno, la tensión eléctrica cargando el aire entre ellos. Entonces Miguel dio el paso que les separaba y tomó a Carlota por la cintura, atrayéndola hacia sí. Sus bocas se encontraron con hambre contenida. El primer beso fue lento pero intenso, como reencontrarse después de un año en vez de unas semanas. Los labios de Carlota eran suaves y cálidos, sabían ligeramente a vino y a postre dulce. Miguel suspiró contra su boca, enredando una mano en la base de su nuca, entre ese pelo sedoso castaño. Carlota respondió con un gemidito aprobatorio, abriendo más los labios para profundizar el beso. Pronto las lenguas de ambos danzaban con urgencia, recordando el camino conocido pero siempre emocionante de la boca del otro. Miguel sentía el corazón desbocado. El aroma de ...