1. La familia del marido de mi hermana (20)


    Fecha: 04/11/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Alfonso, Fuente: TodoRelatos

    ... a chupar de nuevo poniendo todas sus habilidades a trabajar. Sus labios volvieron a recorrer el duro y venoso tronco con maestría mientras su lengua trabajaba el glande con una pericia absoluta. Bajé la mano por su espalda hasta llegar al final de la bata y tiré de la tela hasta subirsela casi al cuello dejando la parte trasera de su cuerpo desnuda. Le acaricié la piel blanca y brillante hasta llegar al culo desnudo, pues la tira de la braguita se le metía entre la raja dejando los dos duros y redondos glúteos al descubierto.
    
    Le apreté ambas nalgas con deseo, un deseo lascivo y lujurioso que esa mujer despertaba en mi mente como un fuego abrasador. Sus chupadas se hacían cada vez más potentes y profundas hasta que noté cómo el hinchado glande atravesaba su garganta con suavidad, algo relativamente increíble dado su tamaño. “¡Dios, lo que se habrá tragado esta tía para tragarse con esta facilidad mi polla!” Pensé con la mente totalmente perturbada por la lujuria.
    
    Se la metió y sacó entera, varias veces, como si fuese su merienda de cada día haciéndome volar hasta una alta nube de placer. Tenía mi mano abierta sobre el centro de su culo y la metí entre la raja para tirar con fuerza haciendo que se elevará la mitad de su cuerpo.
    
    Estaba seguro que esa mamada no me la hacía por placer o agradecimiento, sino por mandato de Antonio para sacarme información. Pero… ¿Qué tendría contra ella para que se prestara a eso? Debía de ser algo más de lo que me había contado, si es ...
    ... que lo que me había contado era verdad. O simplemente, le pagaba muy bien.
    
    Metí la punta del dedo índice en el oscuro agujero que se apretaba contra la raja retirando la fina tela de las bragas que lo tapaba. No hizo ningún aspaviento, ni el menor gesto de sorpresa. El estrellado agujero se abrió con rapidez dejando paso a mi dedo como su fuese una cosa cotidiana y repetida a lo largo de su vida. Sus redondos glúteos se despegaron para dejar paso a mí mano y comencé a pajearle el culo como un acto automático.
    
    El estupor, la lujuria y el desenfreno ya dominaban mi cuerpo sintiendo cómo se tragaba todo el miembro en cada succión de su rica boca. El culo se le levantaba a cada inserción de mi dedo como la grupa de una yegua al trotar. Si la dejaba seguir no tardaría en correrme, y no quería correrme, quería seguir disfrutando.
    
    Tiré del moño para levantarle la cabeza. Su boca abierta chorreaba saliva, y sus ojos estaban totalmente abiertos tras los gruesos cristales. Su nariz prominente sobresalía como una cornisa de un edificio.
    
    La besé por sorpresa y el sabor de mi propia polla impregnó mi boca.
    
    - Lo haces de maravilla, y me encantaría acabar en tu rica boca, pero prefiero probar tu chochito, si no te importa.
    
    - Claro que no me importa. – sonrió – A eso hemos venido, a follar.
    
    - ¿Te has traído aquí a más hombres?
    
    Desde que entramos a ese piso me había parecido que allí no vivía nadie, por lo menos, permanentemente. Mas bien parecía un piso de alquiler de ...
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