1. La mascara escarlata – parte 1


    Fecha: 07/11/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Fetichismo Autor: PetterG, Fuente: SexoSinTabues30

    ... voz se perdió entre el ruido de la cafetera.
    
    El sábado por la mañana, mientras revolvía su armario, Clara tropezó con el cajón, y la tela roja cayó al suelo. La recogió, frunciendo el ceño. No era solo una tela. Era una máscara, fina y elegante, con bordes que brillaban bajo la luz.
    
    —Vaya, qué bonita —dijo, sonriendo—. Parece sacada de un cómic.
    
    Por pura diversión, se la llevó al rostro.
    
    —¿Y si soy la próxima superheroína? —bromeó, poniéndosela.
    
    Un calor intenso le recorrió el cuerpo, como si un rayo la hubiera atravesado. Clara jadeó, tambaleándose, y corrió a su habitación, frente al espejo de cuerpo entero. Lo que vio la dejó boquiabierta. La máscara cubría la mitad de su rostro, dándole un aire misterioso. Pero eso no era todo. Estaba desnuda, salvo por unas botas rojas de cuero que le llegaban bajo las rodillas y unos guantes a juego. Soltó un grito, cubriéndose con las manos, el rostro ardiendo.
    
    —¡Ay, no, no, no! —chilló, girando para mirarse—. ¡Esto no puede estar pasando!
    
    Nadie estaba en casa, así que, tras unos segundos de pánico, se relajó. Bajó las manos, observándose. Su cuerpo era… diferente. Sus caderas más pronunciadas, sus senos firmes y elevados, su abdomen ligeramente marcado. Sus piernas parecían más fuertes, y su trasero, redondo y firme, relucía bajo la luz.
    
    —¿Quién eres tú? —susurró al espejo, riendo nerviosa. Hizo una pose de modelo, sacando la cadera—. ¡Mírame, lista para la pasarela!
    
    Luego flexionó los brazos como ...
    ... fisicoculturista.
    
    —¡La campeona del mundo! —dijo, riendo hasta que dio un paso atrás y se enredó con una alfombra.
    
    Intentó agarrarse de la puerta, pero con un crujido, la arrancó de sus bisagras. La puerta cayó con un estruendo, y Clara se quedó congelada.
    
    —¿Qué demonios? —susurró, levantando la puerta como si fuera una pluma. La dejó caer, y el suelo tembló—. ¡No, no, esto es demasiado!
    
    Quiso sentarse en la cama, pero aplastó el colchón, haciendo gemir los resortes. Se levantó de un salto, solo para derribar una lámpara que se hizo añicos.
    
    —¡Para, Clara, para! —se regañó, corriendo a la ventana para tomar aire. La abrió con tanta fuerza que el marco se astilló.
    
    —¡Mi departamento! —gimió, tapándose la cara.
    
    Se arrancó la máscara, y el calor se desvaneció. Frente al espejo, volvió a ser la Clara de siempre: linda, con sus rizos desordenados, pero sin ese brillo sobrenatural. Miró el desastre: puerta rota, cama hundida, lámpara en pedazos.
    
    —Soy un peligro público —murmuró, riendo a medias mientras empezaba a limpiar.
    
    Los días siguientes, Clara intentó olvidar la máscara, escondida en su cajón. Pero la ciudad no la dejaba en paz. Una tarde, al volver del trabajo, vio a unos policías extorsionando a un vendedor ambulante.
    
    —Dame algo, viejo, o te cierro el puesto —gruñó uno, con una sonrisa torcida.
    
    Clara apretó los puños, pero siguió caminando. Otra vez, vio a una anciana llorando en la calle, su bolso robado.
    
    —Mi dinero, mis medicinas… —sollozaba la ...