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La mascara escarlata – parte 1
Fecha: 07/11/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Fetichismo Autor: PetterG, Fuente: SexoSinTabues30
... mujer. —Tranquila, ya pasó —dijo Clara, ayudándola a levantarse, pero se sintió inútil. La máscara la tentaba, pero el precio era alto. ¿Desnudarse ante el mundo? Imposible. Ella, que se sonrojaba si alguien la miraba demasiado. —No soy una heroína —se dijo, sacudiendo la cabeza. Finalmente, decidió sacarla de su vida. Al día siguiente, iría al banco y la guardaría en su caja de seguridad. Pero el destino tenía otros planes. Esa mañana, Clara entró al banco con la máscara en su bolso, nerviosa. Hizo cola, tamborileando los dedos. —Esto es lo correcto —se dijo, aunque su corazón latía rápido. Un retortijón la traicionó. Se volvió hacia una señora en la fila. —Disculpe, ¿me guarda el puesto? ¡Vuelvo en un segundo! —dijo, sonriendo torpemente. —Tranquila, hija, ve —respondió la señora, agitando la mano. Clara corrió al baño. Apenas se sentó cuando un grito atravesó las paredes. Voces ásperas, amenazas, el sonido de armas. —¡Todos al suelo, ahora! —rugió una voz. Clara abrió la puerta con cautela, asomándose. Cuatro hombres enmascarados, armados, tenían a todos de rodillas. Las cajeras temblaban, vaciando las cajas. —¡Más rápido, o les vuelo la cabeza! —gritó uno, apuntando. Un disparo resonó, y una cajera cayó, gimiendo. Clara se tapó la boca, retrocediendo. Los gritos continuaban. Sabía lo que tenía que hacer. Con manos temblorosas, sacó la máscara del bolso. Brillaba, como si la llamara. —No quiero, pero… —susurró, ...
... poniéndosela. El calor la envolvió. Frente al espejo del baño, vio su transformación. Desnuda, salvo por las botas y guantes rojos, su cuerpo era una escultura de curvas y fuerza. Se cubrió, el rostro ardiendo. —Esto es una locura —murmuró, pero un nuevo disparo la empujó. Abrió la puerta, dando pasos pequeños, intentando cubrirse. Los tacones de sus botas resonaron en el mármol. Las luces titilaban, y los asaltantes giraron hacia ella. La silueta de Clara, medio oculta en la penumbra, se acercó. Cuando la luz la iluminó, un silencio atónito llenó el lugar. Estaba desnuda, cubriéndose torpemente, la máscara escarlata brillando. —Ehm… —carraspeó, su voz temblando—. Tienen que… irse. Por favor. Los asaltantes estallaron en risas. Uno, con una cicatriz en la mejilla, se acercó. —¿Qué es esto? ¿Una broma? —dijo, burlón—. Mira, muñeca, estás en el lugar equivocado. —S-solo déjenlos ir —balbuceó Clara, roja de vergüenza. Otro asaltante se unió, riendo. —¡Vaya espectáculo! ¿Cobras por esto? —gritó, y los rehenes murmuraron, nerviosos. El líder alzó su arma, apuntándole a la cabeza. —Basta de tonterías —gruñó—. Adiós, princesa. Disparó. Clara llevó las manos a la frente, esperando sangre. Nada. El proyectil rebotó, cayendo al suelo. Bajó las manos, exponiéndose sin querer, y los asaltantes palidecieron. —¿Qué demonios eres? —susurró uno, retrocediendo. Clara parpadeó, sintiendo cosquillas donde las balas la golpeaban. Dispararon de nuevo, pero solo le hacían ...