1. Me converti literalmente en su mascota.


    Fecha: 08/10/2025, Categorías: Gays Tus Relatos Autor: Van1992, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... en la mano.
    
    "¿Acabas de...?"
    
    Te incorporaste limpiándote la boca. No sabías qué decir.
    
    Adrián dejó la espátula lentamente y se cruzó de brazos, mirándote fijamente.
    
    "Siéntate," te dijo.
    
    Y te sentaste. En el suelo. Automáticamente.
    
    Adrián parpadeó varias veces.
    
    "Joder..."
    
    ---
    
    Esa noche Adrián te llamó al salón. Estaba serio.
    
    "Tenemos que hablar."
    
    Te sentaste frente a él. Bueno, te sentaste en el suelo frente al sofá donde él estaba. Ya ni siquiera te planteabas usar los muebles.
    
    "Mira, no sé qué te pasa, pero llevas semanas comportándote de forma muy rara." Hizo una pausa. "¿Estás bien? ¿Necesitas ir al médico o algo?"
    
    Negaste con la cabeza.
    
    "Es que... no lo sé explicar," dijiste por fin. "Me siento... diferente. Como si... como si no fuera completamente humano."
    
    Adrián frunció el ceño.
    
    "¿A qué te refieres?"
    
    "No lo sé. Solo sé que cuando estás aquí me siento bien. Seguro. Y que necesito estar cerca de ti. No de forma rara, sino... como si fueras importante. Como si dependiera de ti."
    
    Adrián se quedó callado un buen rato.
    
    "Tío, eso que describes..." Hizo una pausa larga. "Se parece a cómo se comportaba mi perro cuando era crío. Un golden retriever que se llamaba Bruno. Siempre estaba pegado a mí. Me esperaba en la puerta. Dormía a los pies de mi cama. Me seguía a todas partes."
    
    Se quedó mirándote con una mezcla de confusión y algo más. Reconocimiento.
    
    "¿Tú te sientes así? ¿Como... como una mascota?"
    
    La palabra ...
    ... cayó entre vosotros como una piedra en un lago tranquilo.
    
    Y asentiste.
    
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    Adrián no supo qué hacer con esa información durante días. Te evitaba un poco, claramente incómodo. Pero tú seguías comportándote igual porque no podías evitarlo.
    
    Te despertabas cuando él se levantaba. Le seguías al baño. Esperabas fuera hasta que salía. Le acompañabas a la cocina. Te sentabas a sus pies mientras desayunaba.
    
    "Esto es de locos," murmuraba para sí mismo.
    
    Pero una mañana, cuando preparaba café, llenó un cuenco con cereales y leche y lo dejó en el suelo.
    
    "Prueba esto."
    
    Te miraste el cuenco. Luego a él.
    
    "Venga, come."
    
    Te agachaste y comiste directamente del cuenco. Sin manos. La leche se te derramó un poco por la barbilla. Adrián te observaba con los brazos cruzados.
    
    Cuando terminaste te limpiaste y le miraste esperando... ¿aprobación?
    
    "Buen chico," dijo casi sin pensarlo.
    
    Y algo en tu pecho se hinchó de felicidad.
    
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    A partir de ese día, Adrián empezó a tratarte diferente. No como a un roommate. Como a... otra cosa.
    
    Te ponía la comida en cuencos en el suelo de la cocina. Comida normal, pero servida así. Tú comías ahí, agachado, y él cenaba en la mesa viendo el móvil. A veces te miraba de reojo y negaba con la cabeza, pero no te detenía.
    
    Empezó a darte órdenes simples: "Ven aquí", "Quieto", "Siéntate". Y tú obedecías porque te sentías bien haciéndolo. Porque era natural.
    
    Una tarde llegó del taller con una bolsa.
    
    "Ven aquí."
    
    Te ...