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Me converti literalmente en su mascota.
Fecha: 08/10/2025, Categorías: Gays Tus Relatos Autor: Van1992, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... acercaste. Sacó un collar de perro. Uno simple, de nylon negro, con una chapa plateada. "Si vamos a hacer esto, lo vamos a hacer bien." Te puso el collar alrededor del cuello y ajustó la hebilla. Luego enganchó la chapa. Tenía grabado un nombre: Bruno. "Era el nombre de mi perro," explicó. "Me recuerdas mucho a él. Así que... si vas a ser mi mascota, ese va a ser tu nombre." Bruno. Tu nombre. Te tocaste el collar. Sentías el peso contra la garganta. Real. Definitivo. "¿Te gusta?" preguntó Adrián. Asentiste. "Bien. Pues desde ahora, cuando estemos en casa, eres Bruno. ¿Entendido?" "Sí." "Buen chico." --- Los días se convirtieron en semanas y tu transformación se completó. Adrián te llevó a una tienda de mascotas y compró todo lo necesario: cuencos de acero inoxidable para comida y agua, una cama grande y acolchada de perro que puso en un rincón del salón, juguetes (una pelota, un mordedor de cuerda), una correa, incluso champú para perros. "Es ridículo," murmuraba mientras pagaba. "Pero si vamos a hacer esto, lo hacemos como es debido." Tu cama estaba junto al sofá. Ahí dormías ahora. La primera noche te sentiste extraño, pero luego... perfecto. Podías oler a Adrián desde ahí. Escuchar su respiración. Saber que estaba cerca. Adrián estableció rutinas. Por las mañanas te despertaba a las siete. "Arriba, Bruno." Desayunabas de tu cuenco en la cocina mientras él tomaba café. Luego te llevaba a "hacer tus necesidades" ...
... (seguías usando el baño como humano, eso era el límite que él marcó). Te duchaba él mismo una vez por semana. Te hacía arrodillarte en la bañera y te lavaba con el champú de perros, frotando tu pelo y piel con cuidado, casi con cariño. "Quieto, Bruno. Buen chico." Cuando terminaba te secaba con una toalla grande y te rascaba detrás de las orejas. Te derretías con esas caricias. --- Adrián empezó a entrenarte en serio. "Sienta." Y te sentabas en el suelo con las piernas cruzadas. "Túmbate." Y te estirabas boca abajo. "Dame la pata." Y le dabas la mano. "Quieto." Y te quedabas inmóvil hasta que te daba permiso para moverte. Cuando lo hacías bien, te recompensaba. A veces con comida (un trozo de salchicha, una galleta), a veces con caricias en la cabeza, a veces simplemente con un "Muy bien, Bruno" que te llenaba de orgullo. Cuando lo hacías mal, te regañaba. No te pegaba ni gritaba. Solo usaba un tono firme: "No, Bruno. Mal." Y te sentías fatal. Querías hacerlo mejor. Querías que estuviera orgulloso de ti. --- Una tarde llegó a casa con un amigo del taller, un tal Sergio. "Tío, tengo que enseñarte algo flipante," le dijo Adrián. Entraron al salón y tú estabas en tu cama, mordisqueando el juguete de cuerda. Sergio se quedó mirándote. "¿Ese es tu roommate?" "Más o menos," contestó Adrián. "Bruno, ven aquí." Te acercaste gateando. Sergio abrió los ojos como platos. "¿Qué coño...?" "Dame la pata, Bruno." Le diste la mano. ...