1. Vida laboral


    Fecha: 27/11/2025, Categorías: Incesto Tus Relatos Autor: Maverik 12, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    VIDA LABORAL 
    La voz de Álvaro me pareció hermosa desde la primera vez que la oí. Era el tallerista de un curso que me obligaban a tomar en mi trabajo, a distancia. Ahora suena muy tonto, ya sé. Pero toma en cuenta que yo empezaba a vivir sola; la pandemia me había dejado aislada y triste, y apenas empezaba a reconectar con mis amistades y a caminar de nuevo por la ciudad. No tenía mucho sexo, si te soy sincera.
    Y, entonces, Álvaro. En las videoconferencias nunca ponía su cámara, pero algo de esa voz grave, segura y acariciadora me ponía loca. En la semana que duró el taller comencé a ver cómo el ícono de su nombre vibraba con sus palabras y sus pausas, y empecé a imaginarme su cara. Pensé que le correspondía una mandíbula fuerte, una barbilla partida y unos profundos ojos verdes. Pensé que sería de un moreno intenso, como las playas de arena fina, y que tendría dos manos grandes y nerviosas. Grandes y nerviosas…
    Empezaba a frotarme los muslos, lento, más para tranquilizarme que para otra cosa. Pero una vez que empezaba, ya no había vuelta atrás. De pronto me metía la mano en los shorts y comenzaba a tocarme mientras lo oía hablar. No sé decir si eso era masturbarme… era tenue, muy de pasada, y nunca tuve un orgasmo… pero supongo que sí me masturbaba.
    Imaginaba que el taller era presencial, y que yo estaba en un auditorio chiquito, con él y con otras personas, escuchándolo hablar. Me imaginaba que él se había dado cuenta de que yo me estaba tocando mientras lo escuchaba. ...
    ... Él no se inmutaba y seguía dando el taller, pero me dejaba clavados esos ojos profundos y verdes. Yo notaba que él tenía una erección, y me mordía el labio.
    De pronto Álvaro, en la realidad, me pedía participar:
    —¿Alguien gusta decir algo? Marta, por favor…
    Sus palabras se colaban por un segundo en la fantasía y, en el auditorio, él me hablaba mientras me veía tocarme. La mezcla de morbo y vergüenza se me juntaba en el pecho cuando prendía el micrófono y le respondía. A él le gustaban mis respuestas. Debatíamos y él siempre empezaba recordándome cuánto le gustaban mis ideas. No sé si quería ligarme, pero le estaba funcionando al maldito. Y ni me conocía.
    Poco a poco la vida se asentó y la oficina reemplazó a la casa. O el tallerista no formaba parte regular de la empresa o estaba perdido en una de sus muchas oficinas. Como fuera, me olvidé de todo eso. Empecé a salir de nuevo. Tuve un poco de sexo de páginas de citas, bastante bueno a decir verdad, y conocí a un sujeto fantástico con el que empecé a salir más formalmente. ¿Me había encaprichado con la voz de un desconocido? ¡Qué cosa más infantil y triste!
    Y entonces me llamaron a la sala de juntas, porque había que tomar un taller. Y allí estaba él… reconocí su voz antes incluso de entrar a la sala. El taller era el mismo, pero no dije nada. Cuando escuchó mi voz, se mostró muy extrañado:
    —¿Marta? Dime que no te hicieron tomar este taller de nuevo —me decía, molesto de antemano con los jefes.
    Y yo le contesté alguna ...
«1234...»