1. Vida laboral


    Fecha: 27/11/2025, Categorías: Incesto Tus Relatos Autor: Maverik 12, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... interior. Olía mis fluidos, me acariciaba los labios, me abría y cerraba la vulva con dos dedos, esparciendo mi humedad y contentando a mi clítoris. La puerta tiene dos ventanales altos y, aunque la teníamos cerrada, yo veía como varios pares de ojos mirones se ponían en las puntas de los pies para verme gemir.
    ¿Y si cogía con Álvaro una sola vez? Le aclararía que sólo quería experimentar… sacarme una fantasía de la cabeza y ya. Y, si ya iba a cumplir mi fantasía con él, quería que fuera en la sala de conferencias. Antes de proponérselo, tenía que ver que fuera posible, y tratar de reducir el riesgo. La sala se quedaba cerrada a partir de las 6:30 pm y, en las bitácoras, ya no había posibilidad para solicitar su uso más tarde. Cuando las luces estaban apagadas, no se veía nada desde las ventanitas exteriores.
    Estaba insonorizada, así que los gemidos (que probablemente los hubiera) no iban a ser un problema. Yo me había hecho muy amiga de la secretaria del jefe que abría y cerraba la sala, y le había contado no sé qué excusas sobre una actividad que íbamos a tener la semana siguiente, y que necesitaba ver si podía instalar no sé qué equipo en no sé qué claves. Como no me estaba entendiendo nada, me dejó las llaves cuando se las pedí.
    Vi pasar a Lisa y nos saludamos. ¿Qué la traía hoy a nuestra sucursal, tan tarde? En todo caso, pobre de ella. Se acababa el día y el resto ya nos íbamos. Las últimas computadoras se apagaban, los últimos maletines firmaban de salida; una ...
    ... última ronda a la limpieza de los baños; los jefes de sección se encerraban en sus oficinas para hablar con sus superiores. Ni rastro de Álvaro, lo que era muy raro, porque nunca se iba sin mí. Justo ese día tenía las llaves… quizá debí platicarlo con él primero. Estaba tan seguro de que iba a decirme al instante que cogiéramos donde a mí se me antojara, que no consideré que el pudiera salir temprano. ¡Ni siquiera tenía idea de lo que yo estaba planeando, el pobre!
    Bueno. Todavía quedaba por ver si a nadie, a esas horas, le parecía que era raro que yo (y no la secretaria) abriera la oficina. «Probemos», me dije, y entré a la sala. De verdad no se ve nada desde las ventanas de afuera, pero ya entrando era muy obvio que había una persona, en la oscuridad, sentada a sus anchas en la cabecera de la sala.
    Prendí la luz por reflejo. Sí se me cruzó por la cabeza que fuera otra persona, haciendo algo tan indecente como lo que yo estaba planteando, pero ¡imagínense que hubiera sido un jefe! Al día siguiente me hubiera despedido. Así que no, no hubiera prendido la luz si lo hubiera pensado un poco.
    Lo primero que vi fue la cara de Álvaro, pálida de miedo sobre su palidez de costumbre. Luego, saltó disparada Lisa, que debía estar de rodillas debajo de Álvaro. Esas mesas tienen una tabla que las cierra por detrás, así que yo prácticamente no la hubiera podido ver si no se hubiera movido. ¡Ay, Lisa! ¡Qué tontos somos cuando nos sorprenden!
    —Perdón. Por favor. Perdón —empezó a decir Lisa, ...
«1234...»