1. Vida laboral


    Fecha: 27/11/2025, Categorías: Incesto Tus Relatos Autor: Maverik 12, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... tontería, como que no me había valido el taller anterior, o que había una sesión a la que falte. Ninguno de los dos le dio importancia.
    Al verlo, me sentía a la vez curiosa y profundamente decepcionada. Era razonablemente alto, pero de brazos largos y escuetos, de barbilla redonda, de ojos cafés, y piel paliducha tirando a rosa. Lo único que sí tenía conforme a mi imaginación era un par de manos largas, velludas, fuertes y nudosas.
    En el taller también estaba Lisa. Yo la conocía desde poco antes de la pandemia. Era una chica muy guapa y muy graciosa. Tenía unos ojos largos, pero muy abiertos; unas cejas tupidas pero ordenadísimas. El color de piel con el que me había imaginado a Álvaro era justo su color. La boca parecía que se la habían dibujado a lápiz: sus labios parecían sólo un juego de sombras con su misma piel.
    Tenía una cintura de avispa, que explotaba con blusitas ceñidas, en las que destacaba un brasier que se vía rígido y voluminoso. Lisa era un encanto para mí, que la consideraba una compañera muy alegre… y un encanto para los hombres en otro sentido. Me recordaba mucho a esos cuadros en los que una esfinge hermosa y gatuna se le pone en el pecho a un hombre, no se sabe si para matarlo o para besarlo.
    Resultó que no estaba equivocada respecto al coqueteo digital de Álvaro. Ahora sabía que sí quería ligarme. Sus ojos se encendían cuando yo le hablaba… pero también cuando le hablaba Lisa. Las semanas siguientes el trabajo me fue juntando un poco más con él. ...
    ... Ahora lo veía una vez a la semana. Compartíamos un café y, antes de trabajar, hablábamos de nuestro pasado. Yo era un par de años mayor que él, pero algo de su autoridad de tallerista le había quedado… también algo de mi encaprichamiento, aunque físicamente no me gustara mucho.
    De cualquier manera, pronto empezamos a mirarnos los labios, a bromear con juegos de palabras sexuales y a guiñarnos los ojos en las despedidas. Álvaro era esa clase de hombre que corteja lento. Los hombres que saben que no son bellos y no ponen toda su confianza en ser carismáticos normalmente esperan que, por la carretera de la amistad, puedan tomar una desviación que los conduzca a nuestra cama. Y la idea en general no es mala: antes de la pandemia, no tuve problema en acostarme con uno o dos amigos que intentaron un camino parecido. Pero en ese momento yo tenía novio y, si Álvaro no me proponía nada, yo no iba a arriesgarme. O eso pensé.
    Un día estaba aburrida y ansiosa, en uno de esos imprácticos días de mi ciclo, y me masturbé. Mi relación era estable y feliz, pero yo estaba en un estado de ánimo que me pedía imaginarme más bien algo emocionante. Me faltaba imaginación y pensé en Álvaro. Pensé en que me hacía sexo oral en la sala de juntas. Yo llevaba la falda más corta que tengo, una falda negra, estrecha apenas del tamaño de los dos diminutos bolsillos que tiene.
    Me sentaba en una de las largas mesas que hacían herradura; él se hincaba (en la posición más incómoda del mundo) y me quitaba la ropa ...
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