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La Confusión que Encendió Todo
Fecha: 18/02/2026, Categorías: Transexuales Tus Relatos Autor: EntreLineas, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... se detuvo y un dedo se metió en él… «¡Ahhh! ¡Qué rico!» grité, sintiendo cómo ese dedo exploraba mi interior. «¿Te gustó?» preguntó con una sonrisa traviesa. «Síiiiiiiiiii,» respondí sin aliento. «¿Quieres algo más grande?» preguntó, sus ojos brillando con deseo. «Lo que quieras, soy tuya,» respondí con confianza, sintiendo cómo mi cuerpo se entregaba completamente a él. Me levantó en peso, me secó con una toalla grande y me depositó sobre la cama, mi cuerpo se hundió en el colchón, pero sus manos no me soltaron. —Dios, eres perfecta —murmuró, sus ojos devorando mis pezones, ya duros y erectos. Sin esperar respuesta, bajó la cabeza y capturó uno entre sus labios, su lengua girando alrededor de la punta antes de succionar con fuerza. —¡Ayyyy, Ismael! —grité, mi espalda arqueándose fuera de la cama. Sus dientes rozaron mi piel sensible, y un dolor placentero se mezcló con el calor que ya me consumía. Sus manos no se quedaron quietas: una masajeaba mi otro seno, pellizcando y amasando, estaba completamente expuesta ante él, mis muslos temblorosos y mi anito palpitante. Ismael se tomó un momento para admirarme, sus ojos recorriendo cada centímetro de mi cuerpo, desde mis pies pintados de rojo hasta el rubor que teñía mis mejillas. —Eres mía, Ari —declaró, su voz un growl animal—. Y voy a hacerte sentir como la mujer que eres. No tuve tiempo de responder. Sus dedos se hundieron en la carne suave de mis muslos, separándolos con firmeza antes de arrodillarse frente a mí. ...
... El primer contacto de su lengua contra mi sexo me hizo jadear, mis caderas levantándose instintivamente hacia su boca. Ismael no se contuvo: lamió, succionó, mordisqueó, sus labios y su lengua trabajando en conjunto para llevarme al borde en cuestión de segundos. Mis gemidos llenaron la habitación, mezclándose con los sonidos húmedos de su boca devorándome. —¡Por favor, por favor, no pares! —supliqué, mis manos enredándose en su cabello corto, empujando su cabeza con más fuerza contra mí. Sentía cómo el orgasmo se acercaba, una ola de placer que amenazaba con arrastrarme. Pero entonces, justo cuando estaba a punto de caer, Ismael se detuvo. Se levantó, sus labios brillantes con mis fluidos, y se desabrochó los jeans con movimientos urgentes. Su miembro saltó libre, grueso y largo, la punta ya húmeda. Lo vi con una mezcla de miedo y deseo, sabiendo que iba a doler, pero necesitándolo más que el aire. Me besaba los labios, sacaba mi lengua para morderla, y yo era feliz, estaba siendo tratado como una mujer, algo que siempre había deseado en secreto. Era sentir ese aliento de macho, esa fuerza de un hombre excitado y, sobre todo, esa verga que parecía no tener fin. Me volteó y me levantó el culo, abriendo mis nalgas para colocar su boca en mi agujero. «Lo tienes muy caliente, pero está rico,» murmuró, y yo gemí de placer. —Te voy a hacer mía, mi amor —prometió, su voz áspera mientras abría mis carnosas nalgas, me escupió en el agujero. Antes de que pudiera responder, sentí ...