-
La Confusión que Encendió Todo
Fecha: 18/02/2026, Categorías: Transexuales Tus Relatos Autor: EntreLineas, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... la presión de su glandé contra mi entrada. Ismael empujó lentamente, pero con firmeza, estirándome, llenándome de una manera que nunca antes había experimentado, me la clavó hasta el fondo. «¡Ay! ¡Ay! ¡Detente! ¡Duele!» grité, sintiendo cómo me estiraba para acomodar su enorme tamaño. El dolor se mezcló con un placer tan intenso que mis uñas se clavaron en sus hombros, dejando marcas rojas en su piel. —¡Ayyyy, amor, me rompes! —gemí, mi voz quebrada entre el dolor y el éxtasis. Ismael no se detuvo. Sus caderas comenzaron a moverse en un ritmo constante, cada embestida llevándolo más profundo dentro de mí. —Eres mía, Ari —repitió, sus manos agarrando mis caderas con fuerza, levantándome ligeramente para cambiar el ángulo y golpear ese punto dentro de mí que me hacía ver estrellas—. Nadie más te va a tocar así. Nadie más te va a hacer sentir como yo. —¡Sí, sí, solo tú! —grité, mis muslos temblando alrededor de su cintura mientras el placer se acumulaba en mi vientre, amenazando con explotar—. ¡Te amo, Ismael, te amo! Sus movimientos se volvieron más urgentes, más salvajes. Cada vez que se hundía en mí, cada vez que salía o entraba, sentía cómo raspaba mi interior con esa verga dura, caliente, venosa y gruesa. Era increíble, tal como lo había soñado… mi culo se sentía lleno y satisfecho. «¡Ay! ¡Ismael! ¡Te amo, mi amor! ¡Hazme tu mujer! ¡Te amo mucho!» grité, sintiendo cómo el dolor se convertía en un placer intenso. Sí, mi chiquita—respondió, aumentando el ritmo de sus ...
... embestidas. enviando olas de placer que me dejaban sin aliento. Podía sentir cómo su miembro se ensanchaba dentro de mí, cómo cada embestida lo llevaba más cerca del borde. No podía parar, mi culo seguía comiendo esa verga rasposa, y me levantó, poniéndome de espaldas con las piernas levantadas hasta sus hombros, dejando mi agujero libre para él. «Ahora sí te van a entrar hasta los huevos,» prometió, y de un golpe, la metió hasta el fondo. «¡Qué rico! ¡Rico!» gemí, sintiendo cómo me llenaba por completo. «¿Ahora ya soy tuya? ¿No me vas a dejar nunca? ¿Vas a ser mi marido?» pregunté, desesperado por confirmar nuestra conexión. «Sí, mi chiquita,» respondió, y comencé a gritar de éxtasis. «¡Me vengo! ¡Me vengo!» grité, sintiendo cómo mi orgasmo se acercaba. —Vente conmigo, mi vida —ordenó, su voz un gruñido—. Quiero sentirte apretarme cuando te llené de mi semen. Esas palabras fueron mi perdición. Mi cuerpo se tensó, mis paredes internas contrayéndose alrededor de él mientras un orgasmo devastador me atravesaba. Grité su nombre, mis uñas dibujando líneas rojas en su espalda mientras mi sexo se inundaba con mi propia liberación. Ismael no se quedó atrás: con un último empujón profundo, se enterró en mí hasta el fondo, empezó a eyacular, lo sentí dentro de mí, caliente y viscoso. «¡Preñame, mi amor! ¡Quiero un hijo tuyo, mi vida!» grité, sintiendo cómo su semen llenaba mi culo marcándome por dentro. —¡Te amo, Ari! —rugió, su cuerpo temblando sobre el mío mientras vaciaba ...