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La historia de Claudia (6)
Fecha: 03/04/2019, Categorías: Grandes Series, Autor: señoreduardo, Fuente: CuentoRelatos
... derrumbando dentro suyo, en su interior más profundo, con un estrépito que retumbaba en su mente y le impedía razonar. Sintió que de los escombros de esa estructura derrumbada surgía una fuerza oscura e irresistible que finalmente la llevó a inclinarse hacia esa mano que sostenía el trozo de tostado. Blanca le metió el alimento en la boca y le dijo: -Quedate así. –Cortó otro pedazo y lo acercó a la cara de Claudia, que volvió a comer mientras desde algunas mesas vecinas habían reparado en la escena y miraban a ambas mujeres entre cuchicheos y muecas de asombro. -Enderezate. –ordenó la señora, y Claudia volvió a la posición normal con las mejillas ardiéndole como brasas. Pero su humillación no había terminado. En ese momento un muchacho que pasaba por entre ambas filas de mesas miró hacia ellas, se detuvo con los ojos muy abiertos y se les acercó. -¡Claudia! –dijo, y la joven lo miró espantada. Lo que tanto había temido estaba ocurriendo. Ese muchacho era un compañero de trabajo en la radio. -Claudia, ¿qué...? –empezaba a preguntar el joven, pero Blanca lo interrumpió. -Buenas tardes. –le dijo. El muchacho respondió el saludo sin mirarla. -Claudia ¿qué hacés vestida así? –preguntó. -Es un compañero de trabajo, señora. –explicó Claudia en voz muy baja -Mucho gusto, joven. –dijo Blanca. –Entiendo que esté asombrado, pero yo le voy a explicar. Sucede que Claudita está pasando por algunos problemas económicos ¿sabe?, deudas no muy grandes pero que ella ...
... no podría pagar sólo con el sueldo de la radio, entonces los fines de semana se emplea como sirvienta, gana algunos pesos extras y así va saliendo del pozo. ¿Me comprende? -Sí, sí, claro... –contestó el muchacho sin dejar de mirar a Claudia que, coloradísima, le rogó: -Por favor, Ernesto, no le digas a nadie en la radio que me viste... -Quedate tranquila. –le dijo el joven y agregó. -Además te cortaste el pelo. -como si acabara de darse cuenta del cambio. -Largo te quedaba mejor, pero si a vos te gusta así. -y se encogió de hombros, saludó a Blanca con un "buenas tardes, señora", besó a Claudia en la mejilla y se retiró impresionado y confundido por lo que acababa de ver y oír. Claudia se echó sobre la mesa y se puso a llorar. Blanca la miró con una expresión de triunfo y le dijo alcanzándole un par de servilletas de papel: -Tomá, secate la cara que nos vamos. La joven levantó la cabeza y le dijo en busca de una compasión que la señora era absolutamente incapaz de sentir por ella: -Está haciendo de mí un despojo humillándome tanto... -¿Será por cómo me humillaba tu madre cuando yo era la mucama y me humillabas vos también con esos desplantes de nena caprichosa y engreída que tenías a veces? -contestó Blanca con ironía. Claudia supo que jamás lograría de esa mujer nada que se pareciera a un gesto compasivo y dejó caer otra vez la cara sobre sus brazos cruzados en la mesa. Blanca llamó al camarero -que contuvo a duras penas el impulso de preguntar qué le ...