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Vacaciones en Vallarta I
Fecha: 20/04/2026, Categorías: Infidelidad Tus Relatos Autor: Tedros, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
Mi nombre es Alfredo, y aunque todavía me tiembla la mano al escribir esto, necesito sacarlo todo. Lo que pasó en esa playa no fue un error… fue algo que se fue cocinando poco a poco, como una olla a presión que nadie quiso apagar. Y yo, el marido cornudo, terminé viéndolo todo. Y lo peor… es que me excité como un perro en celo. Todo empezó en Puerto Vallarta. Sofía y yo habíamos ahorrado durante meses para escaparnos una semana completa. Ella estaba espectacular: veintiocho años, piel bronceada, culo redondo y firme que hacía que los meseros se voltearan cuando pasaba. Yo la amaba con todo, pero también sabía que ese cuerpo suyo volvía locos a los hombres. Y esa tarde, en el bar del malecón, lo confirmé. Estábamos tomando una cerveza cuando se nos acercó. Se llamaba Ricardo. Cincuenta años bien llevados, cabello gris en las sienes, camisa de lino blanca abierta hasta el pecho, reloj de oro que costaba más que nuestro departamento entero. Sonrió con esa confianza de quien tiene dinero y sabe usarlo. —Permítanme invitarles la siguiente ronda —dijo, sentándose sin pedir permiso—. Parecen una pareja que merece lo mejor de Vallarta. Aceptamos. ¿Qué otra cosa íbamos a hacer? Pagó todo. Y no solo las copas. Al día siguiente nos mandó un chofer con una nota: “El resto de sus vacaciones corre por mi cuenta. Déjenme mostrarles los lugares que los turistas normales nunca ven”. Hoteles privados, yates, restaurantes con vista al mar. Todo gratis. Yo sabía perfectamente por qué lo ...
... hacía. Lo había visto desde el primer día: sus ojos se pegaban al culo de Sofía como imanes. Cuando ella se agachaba a recoger algo, él se quedaba mirando sin disimulo. Cuando caminábamos por la playa, sus pupilas se clavaban en esas nalgas que se movían bajo el bikini diminuto que ella había elegido “para mí”. Esa misma noche, en nuestra habitación, se lo dije. —Sofía, ese tipo te está coqueteando descaradamente. Solo te mira el culo, carajo. No disimula ni un poco. Ella soltó una risa y se quitó el vestido frente al espejo. —Estás loco, Alfredo. Es un señor mayor, nada más. Y nos está regalando todo. ¿Quieres que le diga que no nos pague más? Porque yo no pienso volver a la oficina el lunes con la misma cara de siempre. Me callé. Pero vi cómo ella se miraba al espejo y sonreía de lado. Como si le gustara la idea de que un hombre de cincuenta la deseara tanto. Los días siguientes la cosa escaló. Ricardo nos llevaba a cenar, nos invitaba copas carísimas, y cada vez se ponía más cerca de ella. Le tocaba la cintura “sin querer”, le susurraba al oído cosas que la hacían reír más de la cuenta. Sofía ya no me decía que estaba loco. Ahora solo se mordía el labio y me miraba de reojo, como desafiándome a decir algo. Y entonces invitó a sus amigas. Dos de ellas, Laura y Daniela, habían llegado ese mismo fin de semana de Guadalajara. Ricardo las conoció en el lobby y las incluyó en todo. Una noche, mientras yo fingía estar dormido en la terraza del bar del hotel, las escuché ...