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Vacaciones en Vallarta I
Fecha: 20/04/2026, Categorías: Infidelidad Tus Relatos Autor: Tedros, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... hablar en la mesa de al lado. Creían que yo ya estaba borracho. —Oye, Sofía, ¿vas a seguir fingiendo que no te calienta? —dijo Laura, bajando la voz pero no lo suficiente—. Ese hombre te quiere follar desde el primer día. Y está podrido en dinero. ¿Qué tienes que perder? Daniela soltó una risita. —Además, Alfredo es un santo, pero… ¿cuánto tiempo llevas sin que te cojan como Dios manda? Ese Ricardo tiene pinta de que te va a partir en dos. Déjate de pendejadas y vive, mija. Sofía se rio, pero no las mandó a la mierda. Solo dijo: —Cállense, cabronas… Alfredo está ahí. Y yo, ahí estaba. Con el corazón latiéndome en la garganta y la verga medio dura sin querer. ¿Mi propia mujer estaba considerando la idea? ¿O ya la tenía pensada? La noche del antro fue el punto de quiebre. Ricardo nos llevó a un antro exclusivo, de esos que solo entran con reservación y botella de mil dólares. La música era fuerte, las luces bajas. Pidió una botella de whisky caro y empezó a servir. Yo bebí más de la cuenta. Quería olvidar la forma en que él miraba a mi esposa. Pero no pude. En un momento me dijo: —Alfredo, ¿me permites bailar con tu hermosa mujer? Solo una canción. Sofía me miró. Tenía las mejillas rojas, los ojos brillantes por el alcohol. Yo asentí, idiota. La canción era lenta, sensual. Reggaetón lento. Y desde el primer segundo Sofía se pegó a él. Al principio normal. Pero después… después empezó a moverse como si estuvieran solos en la habitación. Su culo se restregaba contra ...
... la entrepierna de Ricardo de una forma que no dejaba nada a la imaginación. Él le puso las manos en la cintura, luego más abajo. Le apretó las nalgas abiertamente mientras bailaban. Sofía echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos, mordiéndose el labio. Yo veía todo desde la barra, con la verga dura dentro del pantalón y el estómago hecho nudo. Cuando regresaron, Ricardo estaba sudado y con una sonrisa de triunfo. —Vámonos a mi suite —dijo—. Tengo una terraza increíble y más whisky. Alfredo ya se ve cansado… ¿verdad, compadre? Yo estaba borracho, sí. Pero no tanto como para no darme cuenta de lo que pasaba. Aun así, subimos. La suite era enorme, con luces tenues y una cama king size que parecía hecha para pecar. Ricardo sirvió más whisky. Yo me dejé caer en el sillón grande, al lado de la ventana, fingiendo que el alcohol me había noqueado por completo. Cerré los ojos casi todo el camino, pero dejé una rendija. Lo suficiente para ver y oír todo. Ricardo se acercó a Sofía por detrás, le rodeó la cintura con sus manos grandes y le besó el cuello. Ella se tensó al instante. —Ricardo… espera… —susurró, con la voz temblorosa de verdad—. Alfredo está ahí mismo. Si se despierta… Dios, esto está mal. No puedo… Él no se detuvo. La giró suavemente hacia él, le tomó la cara con las dos manos y la besó. Un beso lento, profundo, dominante. Sofía puso las manos en su pecho como si quisiera empujarlo, pero sus dedos se aferraron a la camisa de lino en vez de apartarlo. El beso se ...