1. Vacaciones en Vallarta I


    Fecha: 20/04/2026, Categorías: Infidelidad Tus Relatos Autor: Tedros, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... volvió más intenso. La lengua de Ricardo entró en su boca y ella soltó un gemidito ahogado contra sus labios. Sus cuerpos se pegaron. Las caderas de mi mujer se movieron solas, restregándose contra la entrepierna de él.
    Cuando separaron los labios, Sofía estaba jadeando, con las mejillas rojas y los ojos brillantes de preocupación y deseo.
    —Ricardo… por favor… mi marido… si abre los ojos nos va a ver… esto no está bien —murmuró, mirando de reojo hacia donde yo estaba.
    Ricardo sonrió con esa sonrisa de hombre que sabe que ya ganó. La besó otra vez, más fuerte, más sucio. Le metió la mano por debajo del vestido corto y le apretó el culo con ganas, metiendo los dedos entre sus nalgas por encima del tanga. Sofía gimió dentro de su boca. El segundo beso la rompió por completo. Ya no miró más hacia mí. Sus manos subieron hasta el cuello de él y se aferraron como si se estuviera ahogando y Ricardo fuera el único oxígeno.
    —Estás empapada, puta… —gruñó él contra sus labios—. Desde que bailamos en el antro solo piensas en esto.
    Sofía ya no protestó. Solo jadeaba.
    Ricardo le bajó los tirantes del vestido de un tirón. La prenda cayó al piso. Quedó solo con el tanguita negro diminuto. Sus tetas perfectas, redondas y firmes, pezones duros como piedras apuntando hacia él. Ricardo se agachó, tomó una teta con la mano y se la metió a la boca con hambre. Chupó el pezón con fuerza, lo mordisqueó, lo lamió en círculos mientras con la otra mano le apretaba la otra teta. Sofía echó la ...
    ... cabeza hacia atrás y soltó un gemido largo y bajo.
    —Ay, Dios… don… Ricardo… qué me haces… —susurró, usando “don” sin darse cuenta, como si ya lo estuviera tratando como su dueño.
    Él le bajó el tanga despacio, besando sus muslos, y cuando llegó a su coño depilado y brillante de humedad, hundió la cara entre sus piernas. Su lengua gruesa lamió toda la rajita de abajo hacia arriba, luego se concentró en el clítoris, chupándolo, succionándolo mientras metía dos dedos gruesos hasta el fondo y los curvaba buscando ese punto que la volvía loca.
    Sofía se arqueó violentamente.
    — ¡Aaaahhh! ¡Ricardo! ¡Qué rico… no pares, por favor!
    Sus caderas se movían solas contra la cara de él. Se corrió por primera vez en menos de un minuto, temblando, apretando los muslos alrededor de su cabeza y soltando un gemido ahogado que intentó contener por miedo a despertarme.
    Ricardo se levantó, se quitó la camisa y el pantalón. Su verga saltó libre: gruesa, venosa, más larga y mucho más gorda que la mía, la cabeza hinchada y brillante de precum. Sofía la miró con ojos vidriosos de pura lujuria.
    —Quiero que me folles… —suplicó bajito—. Métemela toda…
    Ricardo la agarró de las caderas y la tiró sobre la cama, justo de frente a donde yo estaba. Le abrió las piernas de par en par. Escupió en su coño, frotó la cabeza gruesa de su verga entre los labios hinchados y empujó.
    Entró despacio pero sin parar, centímetro a centímetro. Sofía abrió mucho la boca y sus ojos se pusieron en blanco.
    — ¡¡Aaaahhh!! ¡¡Me ...