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EL BACANAL DE TRAQUETOS
Fecha: 17/05/2026, Categorías: No Consentido Tus Relatos Autor: VEKU, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... sensación apoteósica cuando suelto todo el chorro. • Richard: • — Y hermano, esa cuca está enorme. ¿No le queda nada chica a tu verga ahí? Jajajaja. • Julian: • — Jajajaja, se la perdono porque sí es verdad. Melina tiene una cuca superamplia, siento que me permite moverme a mis anchas. • Richard: • — Uy, qué rico, hermano. Y van dos, ¿cierto? • Julian: • — Sí, y las que faltan. • Richard: • — Hay que conseguir viagra para ver qué tal. • Julian: • — Jajajaja, sí, sí, sí. Luego Julian me comentó que Melina aún estaba muy resistente lo cual le gustaba porque lo retaba, pero había la posibilidad que me hiciera daño o escapara por lo que me pidió que, para estar más tranquilos, le pusiéramos unas riendas para tenerla bien amarrada, entonces; —Richard, consígueme esas riendas. Al final ella es una yegua, y si quiere ser tratada como yegua salvaje… pues mejor, jajajaja. Rápidamente mandé a conseguir unas riendas. Cuando las obtuve, volví al cuarto y me encontré con que Melina ya se había recuperado. Estaba visiblemente bañada y vestida con un bikini negro de dos piezas: Parte de arriba: Un top estilo balconet o push-up bien apretadito que sostenia las tetotas llenas de Melina,. Tenía esos tetones bien jugosos embutidos ahí, con tirantes anchos y ajustables sobre los hombros. con cierre era en la espalda. Parte de abajo: Una pantaleta o cachetero de tiro alto (high-waisted) negra, con unos recortes a los lados bien hijueputa que dejaban ver la carne de la cadera y ...
... le marcaban bien el culo y el totazo. Era un conjunto elegante y clásico, pero con detalles atrevidos en los costados. El color negro le daba un look sofisticado y favorecedor. A pesar de que la habían cogido como puta, Melina no perdía ni la clase, ni el porte, ni la elegancia. Entonces Melina estaba tranquila. No sé qué le habrá dicho Julián en mi ausencia, pero su cara de resignada era más que evidente. No pronunciaba una sola palabra, se veía sumamente sosegada y sumisa. Solo cuando me acerqué con la rienda y se la iba a colocar, Melina se tensó y empezó a negarse: —No… por favor, no me pongas eso —dijo con voz baja y suplicante—. No quiero, por favor… Julián la miró fijamente, sin inmutarse, y con tono firme y autoritario le respondió: —Sí te la van a poner. Toca hacer la obligación, Melina. No hay negociación. Eres la yegua ahora, así que calladita y quieta. Melina apretó los labios, con los ojos brillosos, pero ya no se atrevió a decir nada más. Bajó la mirada y me permitió colocarle la rienda alrededor del cuello sin oponer más resistencia. Siendo las 6:30 de la tarde, más que Melina saliendo de la habitación, era Julián sacando a su yegua del establo para compartirla con todos. Aunque el verdadero mensaje era claro: demostrar que él era el macho alfa y que tenía total autoridad. Transitábamos por los corredores y las personas, sorprendidas, veían a Melina amarrada o enlazada como un animal. Aquello generaba sobresalto, especialmente entre los huéspedes que, ...