1. SANDRA ERA LA NUEVA PROFESORA DE FÍSICA II.


    Fecha: 11/06/2026, Categorías: No Consentido Tus Relatos Autor: VEKU, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X


    Apenas tenía 28 años, pero parecía más joven con esa cara de niña buena y esos ojos grandes llenos de ilusión. Llegó al aula el primer día con una sonrisa ingenua, casi boba, cargando sus libros y sin imaginar lo que le esperaba.
    Se había puesto una blusa de suéter turtleneck color rosa claro, muy ajustada. El tejido era fino, ligeramente elástico, y se pegaba a su cuerpo como una segunda piel. Sus pechos generosos, firmes y redondos, quedaban perfectamente marcados. Lo que ella no sabía era que, bajo la luz del salón, el suéter se volvía un poco transparente, dejando ver claramente la silueta de su brasier push-up color nude, las copas que apenas contenían su busto y hasta el leve relieve de sus pezones.
    Cuando entró al aula, se hizo un silencio absoluto.
    Los estudiantes, todos chicos de último año, la recorrieron con la mirada sin disimulo. Sus ojos se clavaron directamente en sus tetas. Sandra, ajena a todo, se paró frente al pizarrón y comenzó a presentarse con voz dulce y algo nerviosa:
    —Hola… soy la profesora Sandra. Es mi primer día aquí, así que espero que tengamos mucha paciencia conmigo…
    Un murmullo recorrió el salón. Uno de los chicos de la primera fila, el de cabello rizado, se mordió el labio y susurró lo suficientemente alto para que ella lo escuchara:
    —Joder… mira cómo le quedan esas tetas con esa blusa…
    Sandra se sonrojó, pero pensó que había escuchado mal. Siguió escribiendo en el pizarrón, dándoles la espalda. El suéter se tensaba aún más, marcando ...
    ... la curva perfecta de su cintura y la forma redonda de su culo bajo la falda.
    Los comentarios empezaron a llegar, cada vez más descarados:
    —Mira, se le nota el brasier completo…
    —Está buenísima la nueva profe, parece que vino pidiendo que la miren…
    —Profe, ¿esa blusa es nueva? Se le ve todo…
    Sandra se giró, confundida, con las mejillas rojas. Su ingenuidad la hacía aún más deseable. No entendía del todo lo que pasaba, solo sentía que todas las miradas estaban clavadas en su pecho. Sus pezones, traicionados por el frío del salón y la tela fina, se marcaron aún más contra el suéter.
    Uno de los estudiantes más atrevidos levantó la mano:
    —Profe… ¿puede explicarnos esa fórmula más cerca del pizarrón? Es que desde aquí… se ve mejor.
    Los demás rieron con morbo. Sandra, nerviosa pero queriendo caer bien, se acercó a las primeras filas. Al inclinarse ligeramente para señalar algo en su cuaderno, sus pechos pesados se movieron dentro del brasier, y la tela del suéter se tensó peligrosamente.
    Los chicos ya no disimulaban. La miraban con hambre, con deseo crudo. Algunos se acomodaban en sus asientos, claramente excitados. Sandra sintió un calor extraño subirle por el cuerpo. No sabía si era vergüenza… o algo más.
    —¿E-está todo bien? —preguntó con voz temblorosa, mordiéndose el labio inferior sin darse cuenta.
    —No, profe… —respondió uno con una sonrisa lujuriosa—. Con esa blusa que trae, nada está bien… y todo está muy rico.
    El aula se llenó de risas bajas y miradas cargadas de ...
«1234...7»