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SANDRA ERA LA NUEVA PROFESORA DE FÍSICA II.
Fecha: 11/06/2026, Categorías: No Consentido Tus Relatos Autor: VEKU, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... intención. Sandra, la profesora nueva e ingenua, acababa de convertirse en el centro de todas sus fantasías más morbosas. Sandra tragó saliva, sintiendo cómo su corazón latía cada vez más fuerte. El aula estaba llena: 28 estudiantes varones, todos entre 18 y 19 años, la observaban como lobos a una presa. Ya no había disimulo. Sus miradas estaban clavadas en sus pechos, en cómo el suéter fino marcaba cada curva, en cómo el brasier push-up se transparentaba ligeramente bajo la tela. —Profe… ¿no tiene calor con ese suéter tan apretado? —preguntó uno desde el fondo, con voz burlona. Otro, sentado en primera fila, se inclinó hacia adelante sin vergüenza: —Es que se le ven unas tetas increíbles, profesora. ¿Son naturales? Porque se ven bien firmes… Sandra se puso roja como un tomate. Instintivamente cruzó los brazos sobre su pecho, pero eso solo hizo que sus senos se presionaran más, creando un escote aún más pronunciado. —Chicos… por favor… esto no es apropiado —dijo con voz temblorosa, intentando sonar autoritaria, pero sonando más bien como una chica inocente y abrumada. Las risas bajas llenaron el salón. Uno de los más altos y musculosos se levantó de su asiento y se acercó lentamente al escritorio, mirándola de arriba abajo. —Profe Sandra… no se cubra. Todos aquí estamos fascinados con sus tetas. Lleva diez minutos dando clase y nadie ha mirado el pizarrón… solo sus pechos. Los demás asintieron y empezaron a hablar casi al mismo tiempo: —Se le marcan los pezones, ...
... profe… —Esa blusa es una provocación… —Son bien grandes… ¿qué talla usa? —Se ven pesadas… me imagino cómo se sentirán… Sandra retrocedió hasta que su espalda tocó el pizarrón. Sentía 28 pares de ojos devorándola, especialmente su busto. El deseo era casi palpable en el aire. Algunos estudiantes ya no se molestaban en esconder cómo se acomodaban la entrepierna, claramente excitados. El chico del cabello rizado que había hablado primero se levantó también y se acercó por el otro lado, acorralándola suavemente contra el pizarrón. —Tranquila, profe… solo estamos siendo honestos. Desde que entró, todos pensamos lo mismo: “Qué par de tetas más ricas tiene la nueva profesora”. Y con esa blusa… es imposible no mirar. Se le transparenta el brasier completo, ¿sabía? Sandra sintió un calor intenso subirle por el cuello y las mejillas. Sus pezones, traicionados por la situación y el roce de la tela, se endurecieron visiblemente bajo el suéter. Eso no pasó desapercibido. —Mírenla… ya se le pararon —dijo otro entre risas. Ella apretó los muslos, avergonzada, sintiendo cómo su cuerpo reaccionaba a toda esa atención cruda y colectiva. Nunca se había sentido tan expuesta, tan deseada… y tan intimidada. Eran demasiados. Todos la querían. Todos fantaseaban con sus pechos. —P-por favor… siéntense —suplicó con voz suave, casi un gemido nervioso—. Esto no está bien… Pero los chicos no se movieron. Uno de ellos, desde su asiento, habló alto y claro: —Profe, si quiere que prestemos atención ...