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DISCIPLINA. LA SEÑORA EULALIA. CAP2
Fecha: 10/07/2026, Categorías: Dominación / BDSM Tus Relatos Autor: scatgummi, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
Desde aquel día que me quedé en casa de la señora Eulalia y recibí tan terrible castigo con su sandalia , aprendí a obedecer y respetarla. Desde ese día, todo cambió. La obedecía, la respetaba, cuanto ordenaba, obedecía. Iba a la compra para ella, la ayudaba en casa, incluso al igual que mi madre, ahora ella opinaba sobre mí, incluso sobre mi vestimenta, y yo obedecía. Ahora comprendía a mi madre; la palabra de Eulalia era sagrada para mí. Cada vez que estaba ante la presencia de la señora Eulalia, recordaba su castigo, recordaba cómo tuve que lamer el agujero de su culo pidiendo perdón. Me sentía humillado y recordaba cómo ella tenía el completo poder sobre mí. A veces ella me miraba seriamente y, con una lentitud deliberada, tiraba del extremo de su guante de goma, ajustándolo. Una sonrisa casi imperceptible se dibujaba en sus labios, y en mi mente, el recuerdo de aquel castigo volvía con una claridad aterradora. Había días que no salía con los amigos. La señora Eulalia me ordenaba quedarme en el salón de casa junto a mi madre mientras ella tomaba una taza de café y pasta. Yo me aburría terriblemente, escuchando cómo hablaban de sus cosas, pero no se me ocurría moverme del lado de las dos mujeres. La señora Eulalia era una figura de autoridad hacia mí y yo debía obedecer. Pero eso era solo la superficie. Por dentro, una tormenta de sentimientos contradictorios me devoraba. Su presencia me humillaba hasta las raíces, me hacía sentir pequeño e insignificante, y al mismo ...
... tiempo, me provocaba una excitación que no comprendía, un calor que me subía por el vientre y me endurecía en secreto bajo mis pantalones. Adoraba a aquella vieja mujer, y no lo entendía. Me duplicaba o triplicaba en años, y sentía una obsesión hacia ella, no dejaba de pensar en su enorme coño, en su culo, en el sabor de su suciedad. Era mi dueña, y yo era su esclavo, y en esa sumisión encontraba un placer que me aterraba y que me anhelaba a la vez Todavía no había conocido la verdadera crueldad y severidad de la señora Eulalia. Pronto la conocería. Seguía haciendo de las mías, seguía saliendo con mis amigos o me escapaba , aunque respetaba las normas de la señora. Aquel día fue especial. Era el cumpleaños de uno de mis mejores amigos, y aquella noche fue loca. Bebimos hasta emborracharnos y disfrutamos mucho, y olvidé todas y cada una de mis normas de la señora Eulalia. Aquella noche llegué de madrugada a casa, completamente borracho y tambaleándome. Mi madre me miraba perpleja y decepcionada, y hacía de todo aquello una montaña; Era una decepción para ella. Ahora me emborrachaba a mi edad. Ella me recriminaba que empezaba a parecérme al cretino de mi padre. No reparé en las consecuencias, y las hubo. Tenía la creencia de que mi madre no le diría nada a la señora Eulalia, que se guardaría para sí esa decepción, pero estaba muy equivocado. Se lo contaba todo, y más cuando la señora Eulalia le dijo un día que quería saber todo sobre mí, pensando para ella que así me tendría ...