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DISCIPLINA. LA SEÑORA EULALIA. CAP2
Fecha: 10/07/2026, Categorías: Dominación / BDSM Tus Relatos Autor: scatgummi, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... bien vigilado. Al día siguiente, mi madre le contó a la señora Eulalia su disgusto por el estado de embriaguez en que llegué a casa aquella noche. La señora Eulalia se le torció el rostro en furia. Justo en el momento en que ella iba a salir de casa, me crucé con ella en el pasillo, y fue cuando se acercó a mí y me dijo con un rostro muy serio: "Voy a tener que ser más dura contigo. No has aprendido la lección". Y supe que pronto recibiría otro nuevo castigo. La vieja señora Eulalia ese día planeó todo. Sabía perfectamente cuál iba a ser el castigo que me iba a propinar, iba a ser un castigo terrible. La señora, con sus guantes de goma ya enfundados, comenzó a hacer unos pequeños agujeros en la pared con su taladradora, un ruido agudo y penetrante que llenaba la casa de una ominosa expectación. Ya averiguaréis para qué eran. Al terminar, colocó a un lado todos sus objetos de castigo: sus esposas de acero, la cinta americana, un collar de piel y más objetos . Posteriormente, se dirigió al baño y al cabo de unos minutos salió de él, con una sonrisa satisfecha en los labios. Ya tenía todo preparado. Ahora solo faltaba que fuera a su casa para que aprendiese la lección de una forma definitiva. Nunca más iba a desobedecerla. Me citó en su casa aquella tarde. Yo sabía que iba a ser azotado, pensaba que sería con su sandalia sobre su regazo, pero estaba muy equivocado. Aquel día cerró la puerta con un chasquido seco, como la primera vez, y se guardó la llave de nuevo en su ...
... escote, entre el pliegue de sus enormes pechos. No saldría de allí de su casa. Me ordenó desnudarme por completo. Así lo hice, obediente. Estaba asustado y a la vez excitado, la vieja señora me provocaba autoridad pero también excitación, una mezcla que me tenía tenso y tembloroso. Me ordeno colocarme de rodillas sobre el rincón que ya conocía, pero en el rincón había algo diferente. Había una anilla incrustada en la pared profundamente, una anilla de metal grueso con un aro. Desconocía para qué servía, pero pronto lo comprobé cuando la señora agarró un collar de piel grueso de animal y me lo colocó sobre mi cuello, apretándolo fuertemente hasta que sentía el cuero morder mi piel. La anilla del collar la sujetó a la anilla incrustada en la pared con un candado que cerró con un click final. Así, mi cara quedó pegada a la pared y no podía moverme de allí ni levantarme, debía permanecer de rodillas. Aquel plan era muy ingenioso. Me colocó sus esposas de metal a mi espalda, rodeó una de mis muñecas, la otra esposa la pasó por otra anilla del collar de perro situada en mi nuca y la cerró en mi otra mano. De esa forma, mis manos quedaron esposadas fuertemente contra mi nuca, en una posición incómoda y dolorosa, sin poder moverlas. Estaba inmovilizado en aquel rincón, de rodillas y con el culo al descubierto, completamente a su merced. La señora sonrió perversamente y se quitó su vestido. Se quedó en su ropa interior, le gustaba vestir de forma clásica, sus medias marrones y esta vez ...