-
DISCIPLINA. LA SEÑORA EULALIA. CAP2
Fecha: 10/07/2026, Categorías: Dominación / BDSM Tus Relatos Autor: scatgummi, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... como sucedió. En muy poco tiempo eyaculé, una gran cantidad de semen salió de mi pene mientras ella continuaba agitándolo, exprimiendo hasta la última gota. Pronto descubrí su maldad. Ella me masturbó para quitarme toda excitación, para robarme el placer que me servía de escudo. Ahora no estaba excitado, no tenía la menor provocación en mi mente, tan solo veía a la señora Eulalia como una vieja cruel y sentía el sabor de sus bragas completamente sucias con los restos de su culo en mi boca, que me producían un asco profundo. Mi terror aumentó. Aquella idea era terrible: iba a ser castigado sin la mínima excitación, solo dolor puro y despojado de cualquier placer. Ella sonrió y agarró de nuevo su correa marrón, gruesa y flexible. "Ahora no sentirás placer. No te va a gustar tu castigo, te lo aseguro". Y entonces comenzó. El primer golpe no fue un golpe, fue una explosión. La correa marrón descendió con la fuerza de un rayo y se estrelló contra mi carne. El dolor fue agudo, un filo de fuego que me taladró el culo entero. Mi cuerpo se estremeció, un espasmo involuntario de puro dolor. La mordaza de suciedad impidió cualquier grito, solo un grito ahogado y silencioso que resonó en mi cabeza. El segundo golpe cayó en el mismo lugar, y el dolor se duplicó, se triplicó, se convirtió en una agonía pulsante. "Uno", contó ella, su voz tranquila, casi aburrida. "Dos". Cada golpe era una nueva tortura, una nueva capa de sufrimiento que se superponía a la anterior. Ella no se ...
... apresuraba. Disfrutaba de cada segundo, del silencio roto solo por el sonido de la correa al cortar el aire y el chasquido sordo y húmedo al impactar contra mi piel. Mi culo ardía, una hoguera de dolor que crecía con cada azote. Diez, veinte, treinta... el dolor se convirtió en una niebla, un torbellino de sufrimiento que me nublaba la visión. Ya no sentía cada golpe individual, solo una oleada constante de fuego que me envolvía, que me consumía. Mis lágrimas corrían libremente, mezclándose con la suciedad de mis mejillas, un río de miseria y sumisión. Cuarenta, cincuenta... la correa seguía cayendo, sin piedad, sin descanso. Mi culo ya no era mío, era una masa de carne magullada, una obra de arte de tortura.. El dolor era tan intenso que mi mente empezaba a desconectarse, a flotar en una nebulosa de sufrimiento. Sesenta, setenta, ochenta... cada azote era una nueva promesa de infierno, una nueva prueba de mi completa sumisión. Noventa y nueve... el último golpe cayó con una fuerza que me hizo gritar contra la mordaza, un grito de puro dolor que nadie escucharía. Cien. Se hizo el silencio. Yo temblaba, un montón de carne dolorida y humillada, con el culo hecho un mapa del dolor, rojo, morado, con ronchas y algunas heridas abiertas. No sentía placer, solo un dolor profundo y abrumador, un sufrimiento que me había vaciado por dentro. La señora Eulalia había cumplido su promesa. Me había castigado, y yo había aprendido la lección de la forma más cruel y definitiva posible. Así fue como ...