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DISCIPLINA. LA SEÑORA EULALIA. CAP2
Fecha: 10/07/2026, Categorías: Dominación / BDSM Tus Relatos Autor: scatgummi, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... llevaba unos ligueros marrones anclados a sus bragas de color marrón claro, y unos zapatos de tacón alto que hacían clic con cada paso que daba en el suelo de madera. Estaba espectacular, aunque apenas podía observarla, con mi cara pegada al rincón, sujeta por la anilla anclada a la pared. La señora Eulalia se quitó el anclaje de sus ligueros a las bragas y se bajó las bragas. El crujido de la goma de sus guantes al moverse era un sonido constante, una banda sonora para mi humillación. Estrujó su prenda íntima entre su guante de goma, y fue cuando acercó sus bragas a mi boca desde atrás. Yo sabía que iba a amordazarme con ellas, ya lo había hecho anteriormente, pero esta vez era distinto. Me llegó un fuerte hedor, estaban mucho más sucias que la última vez. Yo no lo sabía, pero la señora había entrado en el baño de su casa para ensuciar sus bragas, se había limpiado con ellas su culo, era su forma de humillarme aún más. El interior de sus bragas estaba manchado con manchas marrones, extendiéndose por la superficie de la tela, estaban completamente sucias con caca pegada, una capa espesa y maloliente de su suciedad más íntima. De esa forma, metió sus bragas en mi boca. El sabor era nauseabundo, una explosión de amargura y un sabor fecal que me hizo convulsionar. Agarró la cinta americana y se aseguró de que no pudiese escupir su mordaza sucia, aquella cinta que pegaba tan fuerte que dejaba marcas en la boca, así fue como me impidió poder escupir la mordaza, dando vueltas con ...
... el rollo de cinta americana sobre mi boca, una y otra vez, hasta que mi rostro quedó parcialmente cubierto por ella. Esta vez estaba asustado, de verdad. El sabor era terrible, mi boca era un estercolero, y no podía moverme del rincón ni emitir sonido alguno. Os puedo asegurar que de aquel rincón no me movería hasta que la señora me liberase, podían pasar siglos que yo nunca conseguiría liberarme. Aquello me produjo pánico, saber que dependía de ella, que no podía escapar. A veces me asustaba, parecía una vieja chiflada que podría castigarme duramente y nadie me escucharía, ella se enfurecía terriblemente y ese día estaba más enfurecida de lo habitual. Mi terror aumentó cuando agarró una correa marrón, gruesa y flexible. La dobló por la mitad, agarrándola por su guante de goma, y se colocó tras de mí. "Te aseguro que hoy vas a aprender a obedecerme", dijo, su voz un susurro bajo y lleno de promesas de dolor. En ese momento comprobó que yo estaba tremendamente excitado, con mi pene completamente erecto, un testimonio mudo de mi perversión. A ella no le gustó nada mi excitación. "Los castigos no son para disfrutarlos. Eres un pervertido", dijo con una voz gélida. Se inclinó y agarró mi pene entre su guante de goma, y suavemente comenzó a masturbarme con movimientos ligeros de su mano enguantada. Fue subiendo la intensidad, y poco a poco aumentó el ritmo, en pocos minutos terminaría eyaculando. Resistirse era absurdo, no podía hacer nada mientras ella me masturbaba, y así fue ...