1. DISCIPLINA. LA SEÑORA EULALIA. CAP2


    Fecha: 10/07/2026, Categorías: Dominación / BDSM Tus Relatos Autor: scatgummi, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... recibí cien correazos duros que me dejaron llorando, resbalando las lágrimas por mi cara hasta la cinta americana, un río de miseria que no podía detener. No podía moverme, ni suplicar, me había castigado de una forma muy severa. Ahora comprendía que no debería volver a desobedecerla; las consecuencias eran terribles, un infierno que no deseaba volver a visitar. La señora Eulalia se reía de mi situación, de mi culo completamente magullado, una obra maestra de su crueldad. "Esto les pasa a los jóvenes desobedientes", dijo, su voz llena de una satisfacción visceral. Mi culo era un volcán en erupción, me dolía horrores, un dolor pulsante que me recorría entero.
    Pero la señora Eulalia no se conformó con eso. Se dirigió a un lado del salón y, de un cajón de una cómoda oscura, sacó una pequeña caja de madera. En su interior, sobre un lecho de terciopelo negro, yacían pequeños supositorios de color marrón oscuro. Ella se reía, una risa baja que me heló la sangre. Agarró dos supositorios en la palma de su guante de goma y se acercó a mí. Me mostró uno y me explicó, con una calma aterradora, en qué consistía. "Este supositorio se introduce en el culo y produce una gran irritación y ardor. Lleva jengibre, los he diseñado yo". Comenzó a reír de nuevo, y con sus manos enguantadas, abrió mis nalgas con una brutalidad que me hizo gritar contra la mordaza. Sin delicadez alguna, metió un supositorio, y posteriormente el otro, y se aseguró de que entraran por completo empujando con su ...
    ... dedo de goma, hundiendo la tortura en mi interior.
    La señora Eulalia comenzó a vestirse de nuevo, colocándose su vestido con una lentitud deliberada. Me indicó que ahora iba a tomar café con mi madre y que yo me quedaría en el rincón esperando su regreso. Quede aterrorizado al comprobar que iba a dejarme allí solo, en el rincón, inmovilizado y con la sucia mordaza que me daba arcadas. Ella terminó de vestirse, se ajustó los guantes y se marchó, dejando la puerta entreabierta, una burla más de su poder. Ahora debía esperar su regreso, sumido en una nueva forma de agonía.
    Y entonces comenzó el verdadero infierno. Al principio, solo fue un calor extraño, una picazón leve dentro de mí. Pero rápidamente, el jengibre comenzó a hacer su efecto. El calor se transformó en un ardor intenso, en una quemazón que parecía cocerme desde dentro. Mi culo, ya magullado y dolorido por los azotes, ahora ardía desde dentro, un doble infierno de dolor. Comencé a retorcerme, un movimiento incontrolable de mi cuerpo que intentaba escapar de la tortura. Pero no podía. Estaba anclado a la pared, y cada intento de moverme solo hacía que el dolor se intensificara. Intentaba gritar, pero la única respuesta era el sabor a caca de la mordaza de la señora, un sabor que se mezclaba con la saliva y las lágrimas, arcadas constantes en mi boca. El ardor era tan intenso que sentía como si me estuvieran quemando vivo desde dentro, un sufrimiento silencioso y absoluto.
    Mientras yo me retorcía en mi rincón de ...
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