1. El trailero y la guardia Nal.


    Fecha: 09/09/2026, Categorías: No Consentido Tus Relatos Autor: MonicaZaragoza, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... excitación.
     
    A pesar del dolor y la humillación, no dejé de complacerlos. Extendí mis manos y agarré sus vergas, alternándolas para mamarlas y chupar sus testículos. Era una tarea agotadora y degradante, pero sentía que debía hacerlo, que debía complacerlos a toda costa.
     
    Los hombres gemían y se retorcían bajo mi tacto, excitados por mi sumisión y mi habilidad. Sus miradas lascivas me hacían sentir como un objeto, una simple herramienta para satisfacer sus deseos más bajos.
     
    Pero, a pesar de todo, una parte de mí se sentía poderosa. Sabía que tenía el control de la situación, que podía excitarlos y complacerlos a mi antojo. Era una sensación perversa y adictiva, que me hacía sentir viva y deseada.
    
    En medio del caos y la depravación, una oleada de placer comenzó a invadir mi cuerpo. Sentí como un choque eléctrico me recorría desde mis nalgas hasta mi cabeza, tensando mis músculos y acelerando mi respiración.
     
    No había duda: estaba a punto de tener un orgasmo.
     
    La sensación era abrumadora, como si estuviera a punto de explotar. Mi cuerpo se retorció y se contrajo, mientras gemidos y jadeos escapaban de mi boca.
     
    Era un orgasmo diferente a cualquier otro que hubiera experimentado antes. Era un orgasmo salvaje y descontrolado, un orgasmo que me hacía sentir viva y poderosa.
     
    Y, en ese momento, supe que había cruzado el lumbral de no retorno. Había abrazado la depravación, y no había vuelta atrás. Entonces, sucedió. Los dos hombres que me estaban ...
    ... penetrando simultáneamente alcanzaron el clímax, derramando sus descargas de leche en mi interior.
     
    Sentí sus fluidos calientes y espesos inundando mi vagina y mi culo, llenándome por completo. Era una sensación abrumadora, como si estuviera siendo poseída una oleada de fuego en mi interior.
     
    Mi cuerpo se estremeció con fuerza, mientras mi orgasmo alcanzaba su punto máximo. Grité con todas mis fuerzas, liberando toda la tensión y el placer acumulados.
     
    En ese momento, me sentí vacía y llena al mismo tiempo. Vacía de toda moral y de todo pudor, pero llena de una extraña forma de satisfacción.
     
    Había sido vejada, humillada y utilizada, pero también había experimentado un placer extremo y una sensación de poder que nunca antes había conocido.
    
    Mientras las descargas de los hombres se mezclaban en mi interior con mis propios fluidos, una revelación impactante sacudió mi conciencia. En ese instante, comprendí que ya no era la misma persona. La mujer que había sido antes, había desaparecido, dejando paso a una nueva identidad.
     
    Había cruzado el umbral, adentrándome en un mundo de depravación y placer sin límites. Ya no era una mujer para un solo hombre, sino una puta, una criatura consumida por el deseo insaciable de verga.
     
    La idea, en lugar de horrorizarme, me llenó de una extraña excitación. Era como si hubiera encontrado mi verdadero propósito, como si hubiera descubierto mi destino.
     
    A partir de ese momento, mi vida cambiaría para siempre. Ya no buscaría el amor ...
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