1. El trailero y la guardia Nal.


    Fecha: 09/09/2026, Categorías: No Consentido Tus Relatos Autor: MonicaZaragoza, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... parecía escondido entre los árboles. El oficial me empujó hacia el interior, y luego llamó a sus compañeros.
     
    Los otros cinco elementos de la Guardia Nacional no tardaron en llegar, bajando rápidamente de sus vehículos. Sus miradas se posaron sobre mí, escrutinándome con una mezcla de curiosidad y lascivia. Sentí sus ojos como dagas clavándose en mi piel, desnudándome y humillándome. El miedo me paralizó, haciéndome sentir como una presa a punto de ser devorada.
    
    El oficial me empujó hacia el centro del cuarto, su mano apretando mi brazo con fuerza.
     
    —Ahora sí, puta —escupió con desprecio—. Arrodíllate y mama mi verga.
     
    El asco y la humillación me invadieron, pero sabía que no podía negarme. Con las piernas temblorosas, obedecí, arrodillándome frente al oficial. Él sonrió con satisfacción y desabrochó su pantalón, liberando su miembro, que se balanceaba amenazante frente a mi rostro.
     
    Mientras tanto, los otros hombres comenzaron a desabrocharse los pantalones, dejando al descubierto sus vergas erectas. La visión de esos seis hombres, con sus miradas lascivas y sus miembros expuestos, me provocó un escalofrío de terror, en medio del miedo y la repugnancia, una extraña sensación comenzó a crecer en mi interior. Una oleada de excitación, mezclada con la adrenalina del peligro, se apoderó de mi estómago. Era una sensación perversa, casi inconfesable, pero estaba ahí, latiendo con fuerza en mi interior.
     
    Jamás había imaginado una situación así: ser cogida por ...
    ... varios hombres en una sola noche. La idea era aterradora, pero también, de alguna manera, excitante. Era como si una parte oscura y reprimida de mí se estuviera despertando, sintiendo una extraña fascinación por la humillación y el placer extremo.
     
    ¿Qué estaba pasando conmigo? 
    
    ¿Cómo podía sentir excitación en medio de este infierno? 
    
    Me sentía confundida y avergonzada, pero no podía negar la verdad: una parte de mí estaba disfrutando de esta experiencia prohibida. El oficial, al notar mi vacilación, me agarró del cabello y tiró de mi cabeza hacia su entrepierna.
     
    —¿Qué esperas, puta? —gruñó—. 
    
    ¡Empieza a mamar!
     
    El dolor me hizo reaccionar. Abrí la boca y rodeé su miembro con mis labios, sintiendo su sabor salado y su textura suave. Las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos, pero seguí obedeciendo, tratando de complacerlo para evitar su ira.
     
    Mientras tanto, los otros hombres me observaban con lascivia, esperando su turno. Sus miradas me hacían sentir como un objeto, una simple herramienta para satisfacer sus deseos más bajos. Pero, a pesar del miedo y la humillación, una parte de mí seguía excitada, sintiendo una extraña fascinación por la situación. Era como si estuviera dividida en dos: una parte de mí horrorizada y asqueada, y otra parte curiosa y excitada por la experiencia. Mis manos, temblorosas al principio, se movieron instintivamente hacia los testículos del oficial. Con una mezcla de repulsión y curiosidad, comencé a chuparlos uno a uno, ...
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