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El trailero y la guardia Nal.
Fecha: 09/09/2026, Categorías: No Consentido Tus Relatos Autor: MonicaZaragoza, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... amenaza—. Esto lo aclararán en los separos, o... podemos arreglarlo de otro modo. La implicación era clara: o nos enfrentábamos a las consecuencias legales de nuestros actos, o accedíamos a algún tipo de acuerdo con él. El miedo me atenazó el estómago. No quería ni imaginarme lo que podría pasar en los separos, pero la idea de ceder a las insinuaciones del oficial me repugnaba. Héctor tragó saliva con dificultad, su rostro pálido bajo la luz de la linterna. Sabía que la decisión estaba en sus manos. ¿Qué iba a hacer? ¿Cómo íbamos a salir de esta? Héctor volteó a verme con una mirada de súplica silenciosa. Sus ojos transmitían miedo y desesperación, pero también una súplica implícita: ayúdame. Comprendí al instante lo que me pedía. La decisión era mía, y sabía que mi respuesta determinaría nuestro destino. Respiré hondo, tratando de controlar el temblor de mi voz. Miré al oficial directamente a los ojos, desafiando su autoridad con una mezcla de miedo y determinación. —¿Y cuál sería ese "otro modo", oficial? —pregunté, tratando de sonar segura, aunque mi corazón latía con fuerza en mi pecho—. ¿Qué es lo que quiere?" La pregunta quedó suspendida en el aire, cargada de tensión y peligro. El oficial sonrió con satisfacción, sabiendo que había logrado doblegarnos. Ahora, solo quedaba esperar a ver qué precio estaba dispuesto a exigir. El oficial sonrió con una malicia que me heló la sangre. Su mirada recorrió mi cuerpo de arriba abajo, como si ...
... fuera un objeto a su disposición. —Mire, señorita —dijo con voz suave, pero cargada de veneno—. Somos seis elementos aquí, sin días libres y sin una mujer a nuestro lado. Digamos que usted podría aliviarnos un poco el servicio. Le tocaría... compartir su generosidad con los seis juntos. La propuesta era obscena, degradante. Sentí una mezcla de asco y terror ante la idea de ser utilizada de esa manera. Mi cuerpo se tensó, y un nudo se formó en mi garganta. Era una pesadilla hecha realidad. ¿Cómo podía siquiera considerar semejante atrocidad? ¿Acaso teníamos alguna opción? Las miradas de Héctor y mia se cruzaron en un instante cargado de significado. En sus ojos vi el reflejo de mi propio miedo y desesperación, pero también una súplica silenciosa: perdóname. Cerré los ojos, asintiendo apenas perceptiblemente. Era una decisión terrible, pero sentía que no teníamos otra opción. Con la voz temblorosa, me dirigí al oficial: —Está bien —dije, sintiendo cada palabra como un puñal en mi alma—. ¿Dónde... dónde cogemos? El oficial sonrió con satisfacción, su mirada triunfante recorriendo mi cuerpo. Habíamos cedido a su chantaje. El oficial me hizo descender del tráiler con brusquedad, tomándome de la mano con una fuerza que me lastimaba. Me arrastró por un camino de tierra, alejándonos de la carretera y adentrándonos en la oscuridad de la vegetación. Después de unos metros, llegamos a una especie de cuarto de concreto, tosco y sin ventanas, que ...