1. Soy la puta de mis hermanos... y me gusta...


    Fecha: 20/09/2026, Categorías: Incesto Tus Relatos Autor: Elza, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... pitote. Quiero que me la des para mamar. Dame tu verga…Y otras.
    Cuando andaba por sus quince, Carlos empezó a conseguir revistas porno, con las que aprendimos variantes y ya me cogían muy bien de muchas formas. Aprendimos a gozar en todas.
    Hacíamos combinaciones como uno en cada extremo, y se turnaban o pasaban de a trenecito, uno tras otro. Boca-boca-boca-coño-coño-coño. Era como ser chingada seis veces.
    Por ese tiempo, me reventaron el culo por primera vez, me dolió algo, pero no me incomodó mucho porque fue hecho con cuidado. Por cierto, que mi primer jinete culero fue Juan mi hermanito cachondo. El cabrón. Nomás de cabrona, se los comenté a los otros, ¡pero, Claro! El chismoso se los dijo y me culiaron de inmediato. (Era lo que quería)
    Cambiaron un poco nuestros juegos cuando estábamos juntos, ahora casi siempre tenía las tres vergas metidas al mismo tiempo, con frecuencia se turnaban, repasando cada bújero. 
    La primera vez un poco diferente, fue interesante, solo por ser novedad. Ya nos habíamos acostumbrado a que me cornearan los tres por mis tres bújeros. Ese día, Carlos estaba acostado con el fierro bien prado, se me antojó y lo monté.  Así estando a Juan se le antojó mi culo y se acomodó para entrar por la puerta de atrás. Cuando Carlitos me echo los polvos, se salió y Juan se me puso enfrente, seguía con su fierro duro. Como yo también me había venido, arrodillada de cuatro patas, estaba recuperando el aire, la novedad fue que ese cabrón, en seguida se me puso ...
    ... enfrente y me colocó su chile en la boca, que abrí sin pensar. sin dudar, abrí la boquita para hacerle un mameluco, me la metí solita.  De inmediato se movió cogiéndome por la boca, él hacía todo, yo solo era la carne. No tardé mucho en sentir las contracciones y llenarme de mocos.
    Pendejamente, lo dejé foderme.  
    Bueno, ¡ya estábamos acostumbrados! Pero de repente, supe la diferencia de este momento, y Carlos también: Juan me había metido el sable del culo a la boca. Eso era diferente. No dije nada, pero todos lo supimos.
    Poco tiempo después, él también lo hizo, y se hizo como para cada vez. Y esta huila pendeja nunca dijo nada.
    Me costumbré a sentir “ese “saborcito curioso cuando me la pasaban del culo o del coño a la boca… Humm, pensaba, no solo ya no me molestaba, ya me gustaba. Ahora, a veces ya me vengo solo con los palos metidos por el chiquito. Bueno, me vengo con los pitos metidos por cualquier lado. 
    De por ese tiempo, o algo después, viendo mi remolino en el espejo, se le ve “floreadito” Humm… pobrecito…
    Cuando ya tenía unos catorce años, entramos en la casi última etapa, antes de la actual. Resulta que Carlos perdió una apuesta, y propuso como pago, que sus amigos me cogieran, aceptaron y ese día, los llevó a la casa. 
    Llegando subió a mi cuarto y me dijo: Quiero pedirte un gran favor: Perdí una lana con estos cabrones, y no tengo de donde sacar. Aceptaron quedar a mano si los dejas cogerte. ¿Aceptas? ¿Siii...? Por favor hermanita…
    Me enojé mucho…
    ¿Ahora ...
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