1. Infiel con un viejo amigo de su esposo.


    Fecha: 26/10/2026, Categorías: Infidelidad Tus Relatos Autor: angeel04, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... viendo las nalgas cuando se daba la vuelta.
    Era un coqueteo tímido, silencioso. Ella servía la carne y él le decía "gracias, preciosa". Ella le rellenaba el vaso y él le rozaba los dedos. Cosas pequeñas, de esas que se pueden echar a la basura o guardar. Pero Sofía las guardó.
    A las cuatro de la tarde, Mario se fue con Beto y el Chilango a la tienda por más hielo y más cerveza. Kevin se puso a jugar con el perro en el patio. Karla y Lupita se sentaron a platicar de sus cosas. Y Sofía quedó de pronto más cerca de Ramiro de lo que esperaba, porque Marta se había metido a la cocina a ayudarle con la salsa.
    El viejo aprovechó.
    —Oye, Sofí —dijo, levantándose y acercándose—, ¿necesitas ayuda con algo?
    —No, gracias, ya casi…
    —Déjame aunque sea cargar esto.
    Y al estirar el brazo para tomar una charola, pasó por detrás de ella, muy cerca, y le rozó la cintura con la barriga. Fue un roce breve, pero ella sintió el calor del cuerpo del viejo, ese olor a colonia barata y a sudor limpio, y por primera vez se le puso la piel de gallina.
    —Perdón —murmuró él.
    —No, no pasa nada —dijo ella, y le sonrió.
    Y esa sonrisa él lo vio como una invitación. Ramiro se animó. Empezó a platicarle de su trabajo, de sus cosas, con esa labia que tienen los viejos cuando se proponen conquistar. Le contaba chistes, la hacía reír, le decía cosas como "es que tú no pareces de treinta y cuatro, pareces de veinticinco" y "Mario sí que se sacó la lotería contigo". Y Sofía, que llevaba años casada y años ...
    ... de que ningún hombre le dijera esas cosas con intención, empezó a coquetear de vuelta.
    Primero fue suave. Una risa de más cuando él decía algo gracioso. Una mano en el brazo cuando le contaba algo. Un "ay, Ramiro, exageras" que no era un rechazo sino un permiso.
    —Es que mira —le dijo él, ya con tres cervezas encima—, cuando tú entras a un cuarto, todos voltean. Todos. Hasta los viejos como yo.
    —¿Como tú? —se burló ella—. 
    —Viejo, gordo y feo —dijo él, y se dio una palmada en la panza—. Pero con buen ojo. Y ese vestido, Sofí… ese vestido es un pecado.
    Sofía sintió cómo le subía el calor a las mejillas. Se pasó la mano por el pelo, se acomodó el tirante del vestido, y ese gesto —tan simple— hizo que Ramiro se quedara mirando el escote como un niño frente a un pastel.
    Ella ya lo tenía caliente. Y lo sabía. Y le gustaba.
    Conforme pasaba la tarde, los coqueteos se subieron de nivel. Ramiro se había ido soltando, y Sofía también. Ya no era solo la mano en el brazo: ahora ella le tocaba la espalda cuando pasaba detrás de él, se inclinaba más de lo necesario al servirle, dejando que él mirara hacia abajo del escote. Y él, animado por el alcohol y por la respuesta, se atrevía más.
    —Si yo tuviera veinte años menos —le dijo en un momento, cuando los dos quedaron solos junto a la mesa de las bebidas.
    —¿Y qué harías? —preguntó ella, con una sonrisa torcida.
    —Te robaría —dijo él, mirándola fijo.
    Y ahí, en ese instante, Sofía sintió el clic. Se dio cuenta de que aquel viejo, gordo ...
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