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Infiel con un viejo amigo de su esposo.
Fecha: 26/10/2026, Categorías: Infidelidad Tus Relatos Autor: angeel04, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... servir más. Ramiro se quedó parado, mirándola irse, y se pasó la mano por la cara. Estaba perdido. Y ella, con cada paso, sabía perfectamente lo que le estaba dejando: las ganas. A las diez, la fiesta empezó a desinflarse. Beto y Karla se fueron. El Chilango y Lupita también, medio borrachos. Kevin se quedó un rato más, hasta que también agarró su camioneta y se largó. Quedaron solo Ramiro y su esposa, que vivían lejos y a los que Mario, generoso, había invitado a quedarse "a dormir si se les hacía tarde". Y ahí empezó lo bueno. Mario, ya bastante pedo, dijo que iba a poner el partido en la tele de la sala. Marta se acostó en el sillón con una cobija, porque el calor y la cerveza la tenían muerta de sueño. Y Sofía dijo que iba a "recoger un poco la cocina". Ramiro dijo que iba a "ayudarle". Y los dos se metieron a la cocina. Apenas cruzaron la puerta, la cosa cambió. Ya no había público. Ya no había disimulo. Sofía cerró la puerta corrediza que separaba la cocina de la sala —"para que no entre el humo del carbón", dijo, aunque nadie se lo creyó— y se volteó a verlo. —Bueno —dijo—. Aquí solos. —Solos —repitió él. Y se acercó. La tomó de la cintura, ahora sí, sin disimulo, y la jaló hacia él. Sofía no se resistió. Se dejó pegar, sintió la barriga del viejo contra su vientre, las manos grandes subiendo por su espalda, y levantó la cara. —Ramiro —dijo. —Sofí. Y se besaron. Fue un beso de hambre contenida. El viejo besaba bien, mejor de lo que ella esperaba, con ...
... lengua, con ganas, como si llevara toda la tarde aguantándose. Le agarró las nalgas con las dos manos, se las apretó, y Sofía soltó un gemidito que se le escapó de las tripas. Él le pasó la boca por el cuello, por la clavícula, y llegó al escote, y ahí se detuvo, respirando fuerte. —Estas tetas —murmuró—. Me han tenido loco toda la tarde. —Pues son tuyas —dijo ella—. Ahorita. Y se bajó el tirante. Y luego el otro. Y el vestido le quedó a la cintura, con las tetas de fuera, y el viejo se quedó viéndola como si hubiera ganado la lotería. —Hijo de tu madre —dijo—. Qué buenas estás. Y se le echó encima, chupándole los pezones como un desesperado, y Sofía se agarró del filo de la mesa para no caerse. Le agarró la cabeza, le pasó los dedos por el pelo ralo, y le decía bajito "ay, sí, así, no pares". El viejo le chupaba, le mordía, y con una mano le bajaba el vestido hasta los tobillos, y con la otra le agarraba el culo. —Ven —dijo ella, jalándolo de la camisa—. Ven. Y él la levantó como pudo —era viejo y gordo, pero tenía fuerza de cargador— y la sentó en el filo de la barra de la cocina, con las piernas abiertas, y se puso entre ellas. Y ahí, parado, con el pantalón ya incómodo de la erección, se le fue encima otra vez. —Estás bien mojada —dijo él, metiéndole la mano . —Cállate —dijo ella— y métemela. En la sala, a cinco metros, Mario veía el partido con una cerveza en la mano. Y Marta dormía en el sillón con la boca abierta. Ninguno de los dos tenía la menor idea de lo que ...