1. Infiel con un viejo amigo de su esposo.


    Fecha: 26/10/2026, Categorías: Infidelidad Tus Relatos Autor: angeel04, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... y feo, la deseaba. De que llevaba toda la tarde deseándola. De que le temblaban un poco las manos cuando le hablaba. Y le pareció de pronto lo más halagador del mundo: que un hombre que no tenía ninguna obligación de mirarla la mirara así, como si fuera la única mujer del patio.
    Así que decidió jugar.
    Empezó a insinuarse de verdad. Cuando Ramiro fue al baño, ella aprovechó para pasar por el pasillo justo cuando él salía, y le rozó todo el cuerpo al pasar. "Uy, perdón", dijo, y no se movió tan rápido como debía. Cuando él se sentó otra vez, ella se sentó a su lado —no enfrente, a su lado— y le dejó el muslo casi pegado al suyo. Cuando le hablaba, le tocaba la rodilla para enfatizar. Cuando se reía, se inclinaba hacia él y le dejaba el escote ahí, a centímetros de la cara.
    Ramiro ya no sabía ni qué decir. Tenía las orejas rojas. Y en un descuido, cuando ella se levantó a buscar más limones, le puso la mano en la cintura para "dejarla pasar", y esa mano se quedó un segundo de más, bajando apenas hacia la cadera.
    Sofía se volteó.
    —Qué manos tienes, Ramiro —dijo.
    —Qué cintura tienes tú —contestó él.
    Y los dos se rieron, pero la risa tenía otra cosa debajo.
    Marta, desde la cocina, no se daba cuenta de nada. Karla sí. Karla le dijo a Lupita, en voz baja: "Mira nomás a Sofí con el viejo, ya lo tiene babeando". Y Lupita se rio y dijo: "Es que está buenísima la desgraciada, quién no".
    Como a las siete, Mario y los demás regresaron con el hielo y lo demás que se necesitaba. ...
    ... Sofía tuvo que volver a su papel de anfitriona, a servir, a sonreír a todos, a sentarse junto a su esposo. Pero cada vez que podía, buscaba los ojos de Ramiro al otro lado del patio. Y él la buscaba a ella. Era un juego silencioso, de miradas que duraban un segundo de más, de sonrisitas cómplices que nadie más notaba.
    La cosa se puso buena cuando empezó a oscurecer y la gente se fue acomodando en el patio con las luces de la serie. Sofía puso música más suave, y alguien sugirió bailar. Mario, que ya estaba bastante borracho, se puso a bailar con Karla. Marta se sentó porque le dolían los pies. Y Ramiro, "por no quedarse solo", le tendió la mano a Sofí.
    —¿Bailas? —le dijo.
    Sofí se levantó y la tomó de la cintura. Y ahí, pegados, con la música lenta, fue otra cosa. Él la tenía cerca, muy cerca, y por primera vez ella sintió su aliento en el cuello, su panza contra su vientre, sus manos grandes en su cintura y bajando, poquito, hasta la parte alta de las nalgas. Bailaba mal, el pobre, pisándola a cada rato, pero tenía algo. Algo que Sofía no había sentido en mucho tiempo con Mario.
    —Estás temblando —le susurró él al oído.
    —Es el frío —mintió ella.
    —No hace frío.
    Sofía levantó la cara y lo miró. Estaban a un palmo. Y en ese momento, con las luces bajas y la música y el alcohol, a ella le dieron ganas de besarlo. Pero no lo besó. Solo se mordió el labio y se separó cuando terminó la canción, dejándolo plantado con las manos en el aire.
    —Gracias por el baile —dijo, y se fue a ...
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