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A los Pies de Doña Rosita. Capítulo 3: El primer entrenamiento canino
Fecha: 03/11/2026, Categorías: Fetichismo Tus Relatos Autor: Perro Esclavo de Pies, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
**Capítulo 3: El primer entrenamiento canino** —¿Vas a salir, ma’? Pero si es sábado —dijo Marisol, la hija de Rosita, mientras estaba cómodamente recostada sobre el sillón de la sala viendo televisión.** —Tengo trabajo, me ocupan para limpiar una casa, allá en la colonia *fifi *donde fui el martes pasado —respondió Rosita mientras se ponía unos bonitos aretes de perlas falsas, quería verse un poco más arreglada que en las sesiones anteriores. —¿En sábado? —Sí, algunas sí tenemos que llevar el sustento a la casa —le replicó la madre mientras veía a su hija adolescente echando *hueva *en el sofá. —Bueno, bueno, pero no te enojes. —Mira, ten. Para que te compres algo si te da hambre. No voy a tardar mucho, así que más te vale estar aquí en la casa cuando regresé —dijo Rosita mientras sacaba $300 pesos de su cartera y se los entregaba a su hija. —Gracias, gracias, mami. Por lo menos te están pagando bien en esa *chamba* —dijo Marisol con una sonrisa mientras agarraba el dinero. Rosita salió de su casa, cerró la puerta y empezó a caminar hacia la parada del camión que la llevaría hasta la casa de Herman. — oOo — Rosita tocó la puerta y no tardo mucho para que el señor Herman le abriera y le diera una cálida bienvenida. —Doña Rosita, buenas tardes, qué gusto verla. Pase, por favor —dijo el hombre con una sonrisa sincera. Rosita entró al recibidor de la gran casa y Herman cerró la puerta. Ahora sí en la privacidad de su hogar, le ...
... preguntó a la mujer: —Señora Rosita, ¿me permitiría saludarla como usted merece? —“*Como yo merezco” *¿Y cómo sería eso? —preguntó con curiosidad. —Déjeme enseñarle —apenas dijo esto Herman se puso rodillas, luego colocó sus brazos contra el suelo, quedando a cuatro patas, inclinó su cabeza para que estuviera justo sobre el calzado de Rosita y comenzó a besar apasionadamente las tiras de los viejos huaraches que usaba la señora. Rosita se quedó mirando como este hombre postrado besaba una y otra vez su calzado, y dentro de ella sintió una pizca de gusto por ello, no estaba seguro del porqué, pero ver a un hombre humillándose ante ella le empezaba a causar una extraña sensación de satisfacción. —Bienvenida, doña Rosita, gracias por venir y permitirme servirla —dijo Herman tras dejar el último de los besos sobre la tira del huarache izquierdo. Herman se levantó y caminó junto a Rosita hasta el salón de la casa, con el gran sofá y la televisión de pantalla ancha. —Así que, ¿qué es lo que haremos en esta segunda sesión, señor Herman? ¿Acaso le gustaría darme otro masaje de pies? —preguntó Rosita con algo de entusiasmo. —Para mí siempre será un placer darle un masaje de pies, doña Rosita. Sin embargo, hoy tenía pensado en hacer algo nuevo. Le aseguro que le gustará. —Ohh, y ¿de qué se tratará esto nuevo? Explíqueme, por favor —preguntó la mujer mientras se sentaba en el sofá y cruzaba las piernas para acomodarse mejor. —¿Ha escuchado alguna vez sobre el ...