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A los Pies de Doña Rosita. Capítulo 3: El primer entrenamiento canino
Fecha: 03/11/2026, Categorías: Fetichismo Tus Relatos Autor: Perro Esclavo de Pies, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... realmente bueno haciendo trucos, *excepto girando, claro. *Eres un perro muy bien entrenado. Ahora, como premio, ¿te gustaría jugar, perrito? —Herman ladró dos veces para decir sí. Rosita comenzó a buscar una pelota con la mirada. —Pelota, pelota, pelota, a ver, ¿dónde hay una pelota para que juegues con ella? —decía desde el sofá mientras giraba la cabeza en busca de alguna pelota en la sala. —¿No tendrás alguna pelota en casa, perrito? —el hombre negó girando la cabeza de izquierda a derecha—. Vaya… no pelotas, ¿cómo vamos a jugar entonces? —se preguntó a sí misma Rosita. Fue entonces cuando la mujer notó que su perro mantenía la mirada fija en sus pies, sobre todo en los viejos huaraches de cuero café que siempre usaba. Rosita se preguntó a sí misma que tanto tiempo llevaba aquel hombre mirando su calzado, tal vez desde que empezó la sesión. Una idea creativa le llegó de improvisto a la mente. —¿Qué pasa, perrito? Ya me di cuenta de que te la has pasado mirando mis huaraches, parece que te gustan mucho, dime, perrito, ¿qué tanto te gustan mis huaraches? —¡Guau, guau! ¡Guau, guau! —Herman ladró con emoción mostrando su entusiasmo por el calzado que llevaba puesta Rosita. —Okey, okey, ya entendí. Te encantan mis huaraches —dijo Rosita con una sonrisa en el rostro al ver lo fácil que era complacer a ese hombre que estaba a cuatro patas, bastaba con tan solo ofrecerle un poco de su viejo calzado usado para que su cuerpo se llenará de emoción. Doña ...
... Rosita comenzó a quitarse el huarache derecho con delicadeza, dejando dicha pierna cruzada sobre la otra, poco a poco su pie descalzó comenzó a estar expuesto al fresco aire del salón, lo que se sintió bastante gratificante para la señora, quien ya llevaba un buen tiempo con el pie metido en el calzado y necesitaba ventilarlo un poco. Herman se emocionó, inseguro de lo que vendría a continuación, su mirada cambiaba continuamente entre el pie moreno de su ama y el huarache derecho, ambos siendo los objetos de su deseo fetichista. Rosita comenzó a mover el huarache de izquierda a derecha, entretenida de ver como su perro movía la cabeza de un lado a otro en busca de ver su preciado calzado. —¿Lo quieres, perrito? ¿De verdad lo quieres? Pues vamos a jugar un juego. Lo voy a lanzar lejos y tú vas a ir por él y me lo traes de vuelta, ¿entendido? —¡Guau, guau! —los dos ladridos de afirmación canina. —Muy bien, pues ¡allá va, ve por él! —gritó Rosita tras tirar su huarache hasta el otro lado del salón. El huarache calló seco sobre el piso, casi llegando a donde la sala y el comedor se unen. Herman giró la cabeza, vio el lugar donde el calzado aterrizó y sin esperar un solo segundo comenzó a gatear a cuatro patas como el perro que era (por lo menos que sería durante el tiempo que duraría la sesión). No estaba acostumbrado a gatear por lo que batalló un poco más de lo esperado en coordinar sus movimientos, aun así, tardo solo unos pocos segundos en llegar justo a donde ...