1. A los Pies de Doña Rosita. Capítulo 3: El primer entrenamiento canino


    Fecha: 03/11/2026, Categorías: Fetichismo Tus Relatos Autor: Perro Esclavo de Pies, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... estaba el calzado. En cuanto llegó se fijó en él, ahora que tenía la cabeza a solo unos centímetros puso atención en los pequeños detalles del huarache: se fijó en las tiras de cuero, en la suela desgastada y en el interior marcado con las huellas de los dedos y del talón en negro, pruebas del uso que Rosita les había dado durante años.
    
    Fue entonces cuando Herman se dio cuenta de que al estar en cuatro patas no podría tomar el calzado con las manos y gatear al mismo tiempo, se cuestionó como es que le traería de vuelta el huarache a su ama, la solución más obvia le llegó a la mente en apenas un instante. Él era un perro, debía de comportarse como un perro, así que sin dudarlo abrió la boca, agachó la cabeza y mordió con cuidado el calzado derecho de su ama. 
    
    Hizo el mayor esmero posible para no morder con fuerza, para evitar que sus dientes dejaran marcas en el cuero del huarache y terminar disgustando a su dueña, en vez de eso trato de mantener el agarre fuerte al calzado usando en su mayoría la fuerza de sus labios y su lengua. Levantó el huarache del piso y comenzó su camino de regreso a donde estaba su señora.
    
    Mientras gateaba notó como un poco de la suciedad de la suela del huarache, que estaba en contacto directo con su lengua al sujetarlo, se empezó a disolver en su propia saliva y percibió con sus papilas gustativas un ligero sabor agrio y terroso de lo que sea que doña Rosita haya pisado al caminar por las calles. Si bien Herman no estaba acostumbrado a ese ...
    ... sabor terroso y al principio le causo algo de disgusto, se recordó a sí mismo que él no era más que el perro sumiso de su ama y que incluso lamer la suciedad de las suelas de su dueña era un honor y un privilegio para alguien como él.
    
    —¡Buen perro, buen perro! —dijo Rosita cuando finalmente llegó su mascota humana con su huarache en la boca—. Pero que listo que eres, perrito. Recordaste que no puedes usar tus patitas para agarrar cosas así que lo tomaste con tu boquita. Muy bien, así me gusta, perrito —dijo sonriendo, orgullosa de bien que estaba obedeciendo órdenes.
    
    Herman asintió moviendo su cabeza de arriba a abajo, aún con el calzado en la boca. 
    
    —Ahora regrésame mi huarache —el hombre abrió la boca y le dejo el huarache justo sobre la mano que Rosita tenía extendida—. ¡Buen chico!
    
    Rosita se descalzó de su huarache izquierdo y al igual que el anterior lo tiró hasta el otro lado del salón, este calló en el suelo donde la sala y el recibidor se unían.
    
    —¡Vamos, ahora el izquierdo, ve por él, perrito! —le gritó la señora con ánimo a su perro-humano.
    
    Herman gateó rápido hasta el huarache y volvió a tomarlo con la boca y se lo regresó de vuelta a su ama. Esto de jugar a traer la *pelota* (o en este caso el calzado de Rosita) comenzaba a gustarle y a excitarle, se sentía como un perro bien entrenado.
    
    Además, así tenía la oportunidad de meterse en la boca aquellos huaraches usados que le volvían loco por completo, e incluso podía saborearlos, aunque sea solo ...
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