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A los Pies de Doña Rosita. Capítulo 3: El primer entrenamiento canino
Fecha: 03/11/2026, Categorías: Fetichismo Tus Relatos Autor: Perro Esclavo de Pies, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... decir, qué hacía una señora como ella, una trabajadora doméstica, acostada en el salón de una gran casa como aquella teniendo a un hombre casi desconocido lamiéndole los pies como si fuera un perro. Sin duda, esta estaba siendo la semana más extraña de su vida. Pero, por otra parte, había algo en toda esa situación, en ese juego de roles, en la dominación, que le estaba gustando un montón. No entendía del todo el porqué, pero ver a ese hombre blanco y adinerado tirado en el suelo, comportándose como un perro obediente y lamiendo sus plantas maduras y morenas, esas mismas plantas con las que había caminado por los tianguis a mediodía por tantos años, con las que se había subido a camiones en hora pico día a día, con las que tantas casas había barrido y trapeado para ganarse la vida, y con las que en ocasiones (cuando no lograba encontrar sus chanclas o simplemente le daba flojera) había estado descalza caminando por los suelos de su propia casa, provocando que se ensuciaran y terminaran negras; esas mismas plantas eran las que ahora estaba lamiendo sin parar aquel hombre. —Buen chico, eres un buen chico —le decía suavemente Rosita mientras veía como su perro lamía sus anchas plantas morenas como si fueran lo más maravilloso del mundo. Poco a poco la sensación de cosquillas que le provocaba la húmeda lengua de Herman se iba desvaneciendo y en vez de eso un pequeño sentimiento de satisfacción mórbida y placer crecía en el interior de la mujer. Es como si el tabú ...
... de tener a un hombre tirado en el piso lamiéndole los pies se fuera desvaneciendo y en la mente de Rosita el acto de sumisión y entrega que Herman estaba realizando en ese momento se estuviera normalizando, como si fuera algo casi cotidiano. La pena y la vergüenza que sentía doña Rosita al principio se fueron esfumando y la mujer finalmente pudo relajarse un poco, tirar su espalda cansada en el sofá y gemir levemente de placer. —Hmmmm. Aaahhh~~*** —*el gemido salió involuntariamente de la boca de la señora—. Lo admito, perrito, se siente algo bien que te laman los pies, ja ja. ** Mientras tanto Herman seguía lamiendo la planta con lentitud y pasión, quería decirle a su ama algo como «Gracias, ama. Hago el mejor trabajo posible», pero recordó que en este momento no era más que un perro, y los perros no hablan, así que optó por seguir lamiendo en señal de que le encantaba lo que hacía.** Rosita cambiaba de pie: izquierdo y derecho, cada pocos minutos para asegurarse de que el perro no dejara un solo centímetro de sus plantas sin lamer. Al poco rato comenzó a sentir como ambas suelas estaban bien húmedas y empapadas en la saliva de Herman, una muestra de lo verdaderamente en serio que se tomaba su papel de perro lamedor. «Me pregunto si la saliva servirá como humectante de piel. Sería realmente útil de así serlo» divagó la mente de la señora mientras el perro lamía.** —Hey, estás haciendo un buen trabajo en las plantas, perrito. Pero tampoco te olvides de darle un ...