1. A los Pies de Doña Rosita. Capítulo 3: El primer entrenamiento canino


    Fecha: 03/11/2026, Categorías: Fetichismo Tus Relatos Autor: Perro Esclavo de Pies, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... frotar los deditos del pie izquierdo contra la frente y la nariz del hombre, tentándolo—. Mis pies de señora no son precisamente los más atractivos, perrito. Están algo rugosos, ásperos. Me vendría bien recibir una pedicura un día de estos. Pero a ti, perrito, a ti te encanta justo como están, ¿no es así?
    
    —¡Guau, guau! —ladró de nuevo para mostrar que le encantaban sus pies tal y como eran.
    
    —Aww, es muy lindo de tu parte, perrito. Me da gusto que te gusten mis pies tal y como son. Muchos otros perritos les harían el feo a mis pies, pero a ti te *encantan *y es por eso que para mí tú eres el mejor perrito del mundo.
    
    Rosita le profirió una hermosa sonrisa a Herman mientras frotaba su planta derecha entera contra su rostro, como si limpiara su sudor sobre una toalla. Para este punto, la mujer ya sabía exactamente qué es lo que tanto deseaba aquel hombre (*o debería decirle perro*) y estaba lista para dárselo finalmente.
    
    —¿Sabes qué debe de hacer un perrito para mostrarle a su dueña que la quiere mucho, mucho, mucho? Un buen perrito debe lamer los piecitos de su dueña. Así que vamos, ¡sé un buen perrito y lame mis pies!
    
    Herman no esperó un solo segundo tras escuchar la orden, su fantasía finalmente se había cumplido. Con entusiasmo canino Herman saco su lengua, la extendió por completo y comenzó a darle lametones largos y apasionados por toda la planta del pie derecho. La lengua del hombre-perro se movía como un animal salvaje, salía de su boca, acariciaba esa ...
    ... planta morena y caliente, volvía a la boca a recuperar saliva y a repetir de nuevo una y otra vez en frenesí. «Ñam, ñam, ñam, ñam, ñam» sonaba reiteradamente cada que la lengua del perro pasaba por la planta de Rosita. La excitación de estar lamiendo esos pies maduros que tanto anhelaba le aceleró el pulso y le nublo la mente un poco a Herman.
    
    —Tranquilo, perrito. Que parece que te quieres comer mis pies a lametazos. Mis piecitos no se van a ir a ningún lado, puedes disfrutarlos a gusto, sin prisa —le dijo con una voz linda y casi maternal.
    
    —Mhn… mhn —sollozó Herman, aún con la lengua pegada al pie de su dueña, como el gemido de un perro avergonzado que quiere pedir perdón por su comportamiento.
    
    —¡Vamos!, que no dije que pararas, sigue lamiendo, perrito. 
    
    Herman prosiguió lamiendo las plantas de Rosita, pero ahora un poco más calmado, con la mente más tranquila y tratando de no molestar a su ama con su inquietud. Con todo, la adoración que le estaba dando a esos pies tan increíbles (a ojos de Herman) siguió de la forma más apasionada y afectuosa que la lengua del hombre pudo proveer.
    
    Mientras tanto, Rosita tenía sentimientos encontrados: por una parte, no terminaba de acostumbrarse a sentir la húmeda lengua de aquel hombre pasar sobre sus cansadas y algo sudadas plantas morenas, cada que sentía la lengua pasar le daban un poco de cosquillas que trataba lo mejor posible de ocultar; además, toda la situación le parecía un poco surrealista cada que pensaba en ello, es ...
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