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La madre fulana de un compañero de trabajo
Fecha: 17/05/2019, Categorías: Otras Categorías, Autor: zorro_en_celo, Fuente: CuentoRelatos
Yo tenía 23 años y trabajaba de administrativo para una importante empresa del ramo informático. Durante la comida había oído que la madre de uno de nuestros compañeros era madama de una barra americana que se encontraba en las afueras de la ciudad. Ella era viuda y su marido se mató viniendo de un viaje de negocios y todo se lo gastó en copas y zorras, ya que trabajaba de representante de una firma comercial, y se tuvo que tirar a la "calle del medio" y prostituirse. Tuvo que pagar los gastos de su hijo y de ella trabajando en un burdel, casi desde muy joven y ahora que ya rondaba los 50 conservaba un buen cuerpo, ya que no se excedía con la comida ni la bebida e iba todas las mañanas al gimnasio. Esta mujer no era muy guapa de cara, pero destacaba por su culo, buenas tetas y unas piernas sexys. Un día hablé con este compañero que se llamaba Juan y la cosa derivó en temas familiares y me acabó enseñado fotos recientes de él y su madre durante unas vacaciones en la playa. ¡La verdad es que para los casi 50 que tenía, ¡estaba de vicio! Eso hizo que me interesara más por esta madura tan carnalmente apetitosa y apetecible. Casi me da un infarto al ver las fotos, me dio morbo esa mujer tan atractiva, de la que su hijo decía lo contrario. Una tarde, poco antes de acabar el trabajo en la oficina, me enteré de donde trabajaba la madre de este compañero y el ultimo día antes de llegar el fin de semana, traté de contactar con alguno de mis más cercanos compañeros para ir a ...
... conocer a la madre de Juan. Ya sabía dónde trabajaba ella, lo único que me faltaba era reunir fuerzas para conocer a esta morbosa madura y conocerla carnalmente. Hablé con Alejandro que era el que más cerca tenía y le animé para que me acompañara, con la condición de que le invitara a un pelotazo. Al llegar a casa, me tumbé una hora antes de cenar y luego me preparé una ligera cena, para a continuación, ducharme, afeitarme otra vez y salir oliendo a limpio y bien rasurado, incluido el vello púbico, para poder follar a gusto y a la zorra de la madre de nuestro compañero Juan. Según se iba a acercando la hora de salir, me fui vistiendo, me puse un tanga de cuero con pequeñas cadenas a los lados al que perfumé, porque sabía que se pondría lasciva y concupiscente al verme con el puesto, una camisa que me marcaba los músculos y el tórax y que había perfumado para oler a macho en celo, así como un pantalón vaquero dos tallas menos que estaban a punto de explotar, para que realzara mi rabo y culo y al verme se pusiera todavía más lúbrica y libertina. Llamé a mi amigo Alejandro para que viniera a buscarme, ya que luego nos iríamos en mi coche. En el camino al lupanar, le comenté el cuerpazo que gastaba la madre de nuestro compañero para los casi 50 que tenía y que estaba mejor que muchas jovencitas que habíamos conocido en otros ambientes. La situación era más bien morbosa y concupiscente, pues había follado otras putas, pero ninguna era cercana a personas allegadas a mí. Según nos ...