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Un viudo joven - Ninna, mi mejor cliente
Fecha: 08/07/2019, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Fernando X, Fuente: CuentoRelatos
... su mano a mi rostro y lo acaricio al tiempo que conteniendo el temblor de su voz me dijo “Por fin, estamos juntos”. Podía sentir el palpitar de mi pecho, podía notar también su corazón enloquecer, pero intentábamos contenernos, apenas brotaban palabras, tan solo suspiros. De pronto su boca se fue acercando a la mía, sentía la calidez de sus labios, yo los recibí con ansia y nos envolvimos en un apasionado beso, incontrolable, desmesurado, tierno y tímido a la vez. Apenas despegábamos la boca el uno del otro, como si quisiéramos comernos. Poso su mano sobre mi pecho e intento retirarme de ella, despegar nuestros labios “Espera Fernando”, me dijo. Era increíble ver a una mujer madura en esa situación de ansiedad, cogió mis manos y las llevo lentamente hacia sus pechos, posándolas allí y me pidió que sintiera, que notara, el palpitar que provocaba en ella. Los dos sonreímos y nos dijimos quedamente que nos amábamos. Entonces nuestras bocas se volvieron a fundir en un beso abrasador. Recorríamos los labios con pasión, nuestras bocas abiertas al máximo como queriendo abarcarnos por completo chocaban en un baile húmedo y ardiente, mientras nuestras lenguas se abrazaban en la infinidad de aquel beso. Yo mordí sus labios, tomé su labio inferior entre mis dientes y estiré de él suavemente mientras su cuerpo me correspondía acercándose más a mí mientras dejaba caer ligeramente su cabeza hacia atrás. Con mis labios como guía pues tenía los ojos cerrados, fui descendiendo por su ...
... cuello, besándola, dejándole sentir mi boca, acariciar su piel, desde los hombros, la parte alta de su pecho, hasta la barbilla, terminando por morderla, para volver al punto de partida. Regresé hacia sus labios mientras mi lengua acompañaba sus besos, lamiéndolos mientras yo la aferraba con más fuerza moviendo mis manos abiertas por toda su espalda, se los degusté milímetro a milímetro con mi lengua pudiendo sentir su entorno, jugueteando con ellos y empapándolos con la calidez de mi saliva. Completamente excitado por su cuerpo, por su boca cálida, por el rozar de sus pechos sobre el mío, sentía como crecía en mí esa ansia de poseerla, levante su cuerpo, para que de un solo movimiento arrancarle la única prenda que la cubría, para luego dejarla caer sobre la cama, dejando caer mi cuerpo sobre el de ella. Mientras mis manos se perdían en la cálida piel de su cuerpo mi boca arrebatada por una pasión incontrolable recorría su vientre desnudo. Su perfume me envolvía, me hacía perder la razón, podía sentir su agitar interno como si se tratara de un fogoso torrente. Podía sentir el ardor de mi boca al bajar por su vientre, dejándome anestesiado entre su calidez y su excitación tan intensa, tan extrema que despertaba mis deseos más prohibidos. Mi erección era evidente, sentía mi sexo ardiendo, me ofuscaba entre el éxtasis de ese momento creciendo más en mí el descontrol. Mi pene estaba tan duro y mis manos tan inquietas acariciando su cuerpo que era como si deseara estrujarla ...