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Euterpe y Tauro (3)
Fecha: 13/12/2019, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Barquidas, Fuente: CuentoRelatos
CAPÍTULO 3º Han pasado más de tres años que, para Elena Gaenva, han sido de cambios bastante rotundos en su vida pues, su marido, a poco de regresar ella de América, formalmente le pidió el divorcio, pues quería formar un nuevo hogar con la mujer junto a la que, en un sí es, no es, convivía de años ya. También, a primeros del tercer año tras aquél Febrero de 2006 en Ciudad México, habíase casado su hija, con lo que Yelena Gaenva se quedó sola. Sola pero tranquila, casi feliz. Juan Gallardo, tras años de tortura, recordándole, ansiándole, por fin, había pasado a ser un recuerdo; bello, muy bello; dulce, muy, dulce, pero sólo eso, recuerdo, que, acordado a veces, ya no le daba dolor, en contra de lo que Jorge Manrique dice en sus famosas “Coplas a la muerte de su padre”: “Cuan presto se va el placer/; cómo después, de acordado/, da dolor./ Cómo, a nuestro “parescer”/, cualquier tiempo pasado/ fue mejor”. No; para Yelena Gaenva el tiempo pasado, por bello y feliz que hubiera sido, no lo entendía mejor; simplemente, fueron otros tiempos; distintos, diferentes, pero pasados, y, ya se sabe, agua pasada, no mueve molino… Pero en ese mismo día en que ahora nos encontramos, entre mediados y fines de Agosto del 2010, esa especie de “Arcadia Feliz” en que instalara su vida año y pico atrás, se estaba tambaleando un tanto. ¿La culpa? Esa puñetera película cuyo contrato un mal día firmó, otra versión de “Carmen”, que la llevó a rodar en España, en la serranía de Ronda, Málaga. Y ...
... eso, estar en España, reavivó el recuerdo de Juan, con lo que la herida, en cierto modo, volvió a abrirse. Anduvieron rodando por allí, por la sierra, unas tres semanas, al cabo de las cuales todo el equipo, actores y técnicos, regresaron a la ciudad de Málaga… Elena había estado pasándolo bastante mal, por ese pensar y pensar en su Juan, añorándolo, con lo que llegó decidida a marcharse a la mañana siguiente, en el primer avión que la llevara a Madrid y de allí a San Petersburgo. Pero, de nuevo, la Diosa Fortuna tenía otros planes, unos planes que dieron por tierra con las intenciones con que la actriz rusa llegó a la ciudad, porque al entrar en el hotel, y recoger en recepción la llave de su habitación, casualmente su vista cayó en un cartel de toros, el de las corridas de la feria malagueña… Y a la vista le saltó, hiriéndola, la foto de su amado… Quedó sin habla, sin sangre en las venas, y el corazón le dio un tremendo vuelco en el pecho para, enseguida, ponérsele en la garganta, atragantándola. Por unos instantes, quedó clavada, anclada al suelo, con los ojos casi desorbitados mirando aquél rostro tan irresistiblemente amado; hasta que, corriendo alocada, se metió en el ascensor subiendo a su habitación Ya allí se lanzó a la cama tal y como estaba, vestida y calzada, llorando amargamente, con infinito desconsuelo. “¿Por qué, Señor, por qué? ¿Por qué Has permitido que le vea?”, se decía, con todo el dolor del mundo. Aquella noche apenas durmió; lloró hasta no poder ...