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Euterpe y Tauro (3)
Fecha: 13/12/2019, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Barquidas, Fuente: CuentoRelatos
... llorar más, agotadas cuantas lágrimas podía generar y luego, transida de dolor, quedó pensativa, sumida en un piélago de incertidumbres, indecisiones. Su mente le decía que debía salir de allí, y de España, lo antes posible; que lo que debía hacer, era levantarse e irse al aeropuerto y tomar el primer avión que la sacara de allí, rumbo a donde fuera, pero fuera de España, sin demora… Pero su alma, su corazón, todo su ser, decían algo bien distinto. Sí, que se levantara y se lanzara a la calle, pero para ir con él esa misma noche. Para verle, para abrazarle, para besarle. Para entregarse a él en cuerpo y alma, y ser suya hasta el fin de sus días… O, cuando menos, hasta que él quisiera, hasta que la alejara de su lado, pues tampoco se hacía tantas ilusiones respecto a la constancia de “su Juan” respecto a ella en mor de los años que le sacaba, diez y algún que otro mes. Y así, desojando margaritas, una tras otra, llegó a una especie de armisticio con ella misma: Se quedaría el tiempo suficiente para verle una vez más; para verle ella, pero sin que él pudiera verla. Le vería de lejos, desde un asiento de la plaza, alejado del ruedo para que él no la encontrara. Y luego se marcharía definitivamente de Málaga y de España, desde Madrid, para nunca más volver, nunca más volver a verle. “Acordado” el “armisticio”, Elena fue tranquilizándose, hasta quedar dormida, pero tal y como estaba, sin desvestirse, sin descalzarse Despertó muy tarde, bastante más allá del mediodía. Y ...
... rota, tras la tormentosa noche pasada y, además, con la ropa y los zapatos puestos. Se levantó, se descalzó y desvistió, yéndose al baño. No se duchó, sino que llenó la bañera-hidromasaje de agua caliente bien espolvoreada de sales de baño, relajantes, perfumadas; se metió en el agua, relajándose a modo, entregándose a esa dulce molicie de los chorros del líquido elemento masajeándole todo el cuerpo; hasta se adormiló un poco, arrullada por la bendición de los chorros del agua, entre caliente y tibia, macerándole el cuerpo todo Salió por fin del baño, se acicaló y vistió y, más hambrienta que otra cosa, bajó al vestíbulo del hotel. Pero no obstante la “gazuza” que su estómago padecía, se fue directa a ese cartel de toros que tanto la emocionara la noche anterior; no sabía ni “papa” de español, pero a leer el nombre “Juan Gallardo” en tal cartel sí llegaba y los números significan lo mismo en todos los idiomas, por lo que le fue fácil saber qué días toreaba “su Juan”, resultando que lo hacía al mismísimo día siguiente y, de nuevo, dos días después. Se fue seguidamente a recepción, inquiriendo —Por favor, ¿dónde puedo comprar ticket para la corrida de mañana? El recepcionista, sin inmutarse, sacó del interior del mostrador, especie de parapeto tras el que se mantenía, todo un fajo de billetes de toros —Barrera de sombra, ¿verdad señorita? —Oh, no. Más lejos; me dan miedo los toros, ¿sabe?… Imperturbable, el empleado del hotel siguió —¿Tendido bajo…filas 3, ...