1. Euterpe y Tauro (3)


    Fecha: 13/12/2019, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Barquidas, Fuente: CuentoRelatos

    ... 4?
    
    —No, no. Por favor, más alto, más lejos del ruedo. Es que me dan mucho miedo.
    
    En fin, que cuando al día siguiente se sentaba en el coso de “La Malagueta”, lo hacía, más o menos, en el “gallinero”, es decir, en lo más alto y, por ende, más barato de las localidades del coso taurino. Eso sí; a la sombra, que tampoco era cosa de pasarse, sudando todo el tiempo. Esa tarde, para Elena Gaenva, fue de temores, de miedos tremendos, pero también hubo sus alegrías; había llegado a la plaza provista de unos prismáticos, no para ver la corrida en sí, sino para verle a él. Así, le enfocó a placer mientras hacía el paseíllo, el momento del espectáculo que más le gustaba, tan lleno de colorido pero, también, tan huérfano de violencia, de sangre, de peligro… De muerte. Se decía entonces, mientras se recreaba viendo ese rostro, esa figura tan varonilmente bella “¡Pero qué guapo que es el condenado!”, suspirando por él
    
    Y luego, cuando acabó ese despeje de plaza y los toreros, “maestros” y subalternos, trocaron las sedas de los capotes de paseo por el percal de los de brega, los de verdad, los de torear, un puntillo de celos la invadió cuando vio que el mozo de espadas de “su Juan” le entregaba el capote del “maestro” a una mujer de la barrera. Y tremendamente bella, por cierto. Entonces, una idea nunca antes abrigada, la asaltó. “¡Dios mío!” “¿Y si me ha olvidado?” “¿Y si ya quiere a otra?” Quiso mentirse, decirse que a ella qué podía importarle ya eso, pues, ¿no se iba a ir esa ...
    ... misma tarde, para nunca más volver a verle?; ¿es que no tenía el billete del avión en el bolsillo? Sí; todo eso era cierto, pero… ¡Ay, los “pero”!
    
    Después, desde que el primer animal pisó el ruedo, sintió miedo, mucho, muchísimo miedo viéndole a él frente a las dos…bueno, las seis fieras, las dos de Juan, y las otras cuatro, las de los otros dos toreros, en los “quites”, cuando Juan Gallardo se abrió de capote ante cada una de ellas. Peo también vibró de emoción; y, por qué no decirlo, de orgullo, cuando la plaza se trocaba en estruendoso clamor de “¡Ooolééé!” “¡Ooolééé!” “¡Ooolééé!” Aquello, ver a todo ese gentío, casi diez mil personas, rendidas, devotas, visceralmente entregadas a “su Juan”, la emocionó hasta lo más íntimo de su ser. La imagen de su amado, ante ese público delirante, se agrandaba, pero es que, para ella, se agigantaba.
    
    La tarde salió redonda, a efectos taurinos y del público aficionado, pues el encierro resultó “de durse”, seis “murubes” que, fieles a su larga historia de reses bien encastadas en bravo, embistieron sin descanso a una terna de tres toreros que estuvieron a su gran altura, disfrutando, pues, del final homenaje de la vuelta al ruedo en el arrastre, y acabando la corrida con los cuatro protagonistas, los tres espadas y el mayoral de la ganadería, saliendo a hombros por la puerta grande de “La Malagueta”
    
    Entonces, cuando los cuatro hombres eran sacados a hombros del redondel y de la plaza, hasta la calle, Elena marcó en su “móvil” el ...
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