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Euterpe y Tauro (3)
Fecha: 13/12/2019, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Barquidas, Fuente: CuentoRelatos
... número del hotel que la alojaba —¿Oiga?... Soy Elena Gaenva; ¿podrían localizarme el hotel donde se aloja el torero Juan Gallardo? Tardaron algún minuto en responderle que lo intentarían, y doce o quince minutos después recibía una llamada indicándole el nombre de un hotel y el número de una de sus habitaciones. Sin perder tiempo, Elena tomó un taxi, a la puerta de la plaza, que la dejó ante el hotel requerido, y allí se dirigió, directa, a Recepción —Por favor, ¿podrían decir al torero Juan Gallardo que Elena Gaenva le espera en el “hall” del hotel? El recepcionista así lo hizo y, apenas algún minuto después salió del ascensor un Juan Gallardo todavía pálido, casi demacrado, más terroso que pálido, en bata larga, de seda, mas luciendo una sonrisa de oreja a oreja. Se precipitó raudo hacia ella, que le tendió los brazos al acercársele él. Se cogieron de las manos y se miraron, arrullándose con la mirada —¡Estás aquí, Elena! En España, en Málaga. ¡Dios mío! ¡Me…me parece un sueño! Un sueño mágico, del que temo despertar… —Pues créetelo, mi amor. Tienes mis manos entre las tuyas, siéntelas, amor mío, para que te convenzas Y ya lo creo que Juan Gallardo se convenció de que aquellas manos no eran etéreas, sino muy, pero que muy, reales, a juzgar por el pellizco que ella le “endilgó”, sin comerlo ni beberlo. Pero, “son las cosas de la vida, son las cosas del querer”, pues ese pellizco, algo así como a lo que antes se llamaba “pellizco de monja”, pues en sus ...
... colegios dejaban señaladas a las niñas para una semana, a Juan Gallardo no le dolió en absoluto, aunque se enteró por completo de él —Sí, estás aquí; no sueño, ciertamente. Pero, ¿cómo ha sido esto? —Cosas del cine, amor. Llevo más de tres semanas por la sierra de Ronda rodando una película. Llegamos aquí, a Málaga, antes de ayer, a última hora…y vi que toreabas hoy… —¿Me has visto torear —Sí; sí que te he visto… —Y, ¿cómo es que no te he visto? Te hubiera dado el capote de paseo, como hice en México. Te hubiera brindado los dos toros, como también hice entonces… —Por una tontería, Juan, por una tontería. No quería que me vieras y tomé una localidad de las de arriba, lejos del ruedo, lejos de ti, de tu mirada… Oye, ¿y quién es esa mujer tan guapa a la que le ofreciste el capote? ¿Tu mujer? ¿Tu novia? ¿Tu…tu lo que sea?... Juan se rio con ganas —Mi nada Elena; mi nada. No hay nada de eso, sigo célibe, tan célibe como cuando te vi en París, tan célibe como estaba en México. Ya sabes, me enamoré de una mujer que, para mi desgracia, tiene un marido y una hija. Y, qué quieres, sigo enamorado de ella. Mi corazón sigue, pues, ocupado, nadie puede ocuparlo, pues nadie, ninguna mujer, puede competir con esa. En nada, Elena, en nada… Elena Gaenva sonrió feliz ante sus palabras, —Sabes Juan? Venía con intención de que cenáramos juntos esta noche, pero no sabía si sería posible; ya sabes, las mujeres solemos ser celosas, las rusas, por lo menos, lo somos. Y ...