1. Euterpe y Tauro (3)


    Fecha: 13/12/2019, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Barquidas, Fuente: CuentoRelatos

    ... supongo que las españolas también… Y ver eso, que le ofrecías el capote a esa tía, me hizo pensar…pues eso, que, a lo mejor… Bueno, creo que me entiendes
    
    —Ya; que te pusiste celosilla por si mis sentimientos hacia ti hubieren variado
    
    —Bueno, pues sí; lo reconozco…
    
    Él se la quedó mirando, fijamente, entre extrañado y anhelante
    
    —¿Y…aquél miedo que tenías al verme torear? ¿Aquél terror que te impedía estar conmigo?
    
    —Sigo teniéndolo, cariño mío; esta tarde también lo he pasado fatal. Pero vivir sin ti es peor; así, sí que me volvería loca. Prefiero pasar ese miedo cerval, pero estando contigo, teniéndote cada noche conmigo, despertándome entre tus brazos, y contigo entre los míos, que estar sin ti el resto de mi vida. Te quiero, cariño mío, te adoro; ya no puedo vivir sin ti. Eso es una tortura mayor que saberte ante esas horribles fieras. Aunque eso sí, nunca más volveré a verte torear; eso no, no puedo, mi amor, no puedo
    
    —Pero, ¿y tu carrera? ¡Cómo vamos a vivir juntos si tú, mayormente, estás en tu Rusia!
    
    —No te preocupes por eso, mi amor, que todo lo tengo pensado, planeado. Viviremos aquí, en España, en Madrid, y mi carrera la amoldaré a cuando no torees. Porque, imagino, que no lo harás todo el año, sus 365 días seguidos; viniste a París, luego…
    
    —Sí; me tomo un descanso cada año. Suelo acabar la temporada española hacia mediados-fines, de Octubre, tras las Ferias del Pilar de Zaragoza, y la americana la suelo empezar tras las Navidades, casi nada más ...
    ... pasar la fiesta de Reyes, primeros-mediados de Enero; como muy tarde, a inicios de Febrero
    
    —Pues a esos meses limitaré mis actuaciones; y tú vendrás conmigo donde yo vaya; y yo donde tú vayas. No iré a verte torear, pero te esperaré en el hotel, rezando por ti, a Cristo Jesús y a su Bendita Madre, la Virgen María, y Ellos te protegerán, estoy segura, amor. Así, dormiremos juntos todos los días, me tendrás contigo todas las noches, siempre que me desees, mi amor, y siempre que yo te desee. Dejaré el cine, ¿sabes? No quiero volver a besar a ningún otro hombre más que a ti, aunque sea en la ficción; ni que nadie, más que tú, me vea desnuda
    
    Y ahora fue él, Juan Gallardo, el que si no rio, sí que se le iluminó el rostro en una sonrisa de oreja a oreja. Soltó las manos de ella para abarcarla entre sus brazos, abrazándola, al tiempo que ella le echaba los brazos al cuello, estrechándole, estrechándose ella, contra el cuerpo de su Juan, su “Vanechka”,(1) y los labios, las bocas de ambos, se buscaron, afanosas, fundiéndose en idílico beso, en el que ambas lenguas se unieron, se fundieron, más bien, en una sola, acariciándose mutuamente en suave, cariñosa, tierna y dulce caricia, fusionándose también ambas salivas en un todo común repartido entre las dos bocas Ella, Elena, le había entreabierto sus labios y su lengua salió al encuentro de la de él, uniéndose ambas. Sus bocas se separaron, pero prosiguieron enlazados por el prieto abrazo que les unía. Entonces, él preguntó
    
    —¿Y ...
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