1. Tarde de prestamo en el campo


    Fecha: 21/12/2019, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    Suena el teléfono y antes del tercer toque miAMO lo descuelga. Yo me encuentro a sus pies, completamente desnudo, masajeando sus pies con mi lengua y permanentemente atento a cualquiera de sus necesidades.
    
    No puedo dejar de escuchar la conversación y tanto por lo que oigo, como por lo que no se quiere que oiga, comprendo que nada bueno me espera. MiAMO lleva días inquieto, buscando por internet, atendiendo llamadas intempestivas y dejándome ir alguna que otra indirecta de las suyas.
    
    Sea lo que sea que me espere, no tardaré mucho en saberlo y mi angustia e intranquilidad de estos días por el desconocimiento de aquello que me espera, se trasformará en angustia e intranquilidad por la comprensión de aquello a lo que deberé enfrentarme. Ya lo dice la frase: en el desconocimiento está parte de la penitencia; lo que no acaba de aclarar es que en el conocimiento radica la otra parte.
    
    MiAMO cuelga el teléfono y me ordena vestirme ligero. No es más que un eufemismo para indicarme que desea que me ponga directamente el chándal sobre la piel desnuda y como calzado unas simples bambas sin calcetines. Cumplo sus deseos a toda prisa y en cosa de cinco minutos ya estamos en el ascensor descendiendo hacia el aparcamiento.
    
    Una vez al lado de su coche me ordena desvestirme por completo y me coloca el collar de perro con tachuelas así como las muñequeras y tobilleras de cuero negro con anilla. Es evidente que vamos de sesión. Abre el maletero del coche y con un simple gesto ...
    ... comprendo lo que debo hacer. Me tumbo acurrucado en su interior y se cierra el portón.
    
    Lo normal es que fuera a su lado en el asiento del copiloto y que una vez en carretera me ordenara quitarme los pantalones del chándal y bajarme por completo la cremallera de su chaqueta, complaciéndose en conducir en paralelo con los camiones, igualando la velocidad de su marcha a la altura de la cabina hasta que estos, desde su posición elevada, se percaten de mi desnudez forzada. La reacción inicial siempre es de sorpresa, la que le sigue varía. En ocasiones de risa y cachondeo, en otras de enfado y molestia, pero siempre clavando sus ojos en mi sexo desnudo, evidenciando que son plenamente conscientes de ello, mientras yo, profundamente humillado y degradado, aguantado el tipo, mostrando lo más íntimo de mi anatomía en actitud sumisa y de entrega, teniendo que obligar a mis manos a permanecer alejadas de mi sexo, dispuestas como resortes a saltar sobre él para terminar con la humillación. Solo miAMO decide cuando terminar con ella, acelerando para adelantar al camión. Sin embargo esto es solo la calma que precede a la tormenta, porque poco más allá, otro camión espera a ser adelantado y continuar así con mi particular paseo de exhibición y humillación.
    
    Si voy en el maletero, pues, quiere decir que no se desea que sepa a donde nos dirigimos. Como siempre, ese es el peor tormento. La mente se dispara en mil y una preguntas que por respuesta no tienen más que otras preguntas. La angustia se ...
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