1. Tarde de prestamo en el campo


    Fecha: 21/12/2019, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... eleva a niveles casi insoportables, la respiración se acelera y las inspiraciones profundas y rápidas parecen no ser suficientes para aportar todo el oxígeno que necesitas, el corazón se desboca en un palpitar violento que parece aplastarlo contra tu pecho, y por tus poros comienzan a salir ríos de un sudor frío que te empapa y te congela.
    
    Inmediatamente y de forma instintiva, empiezas a prestar atención a todos y cada uno de los sonidos que te envuelven y a intentar traducir los movimientos del coche en un vano intento de averiguar tu destino. ¡Pum, Pum!, las ruedas del coche acaban de bajar el vado de la calle. Sientes como la inercia te aplasta contra el lateral del coche: Estamos girando a la izquierda para subir por la calle hasta el semáforo. Sigues y sigues en tu particular intento de ubicarte, pero cada vez resulta más difícil. A medida que te alejas los sonidos y movimiento del coche se hacen menos reconocibles y comienzas a dudar de si has girado por tal o cual calle, hasta que llega un punto en el que, totalmente perdido, te abandonas a tu destino.
    
    Tras una hora de coche y cuando el paso del tiempo y la costumbre han conseguido que vuelvas a la calma, el vehículo frena y se detiene, oyes el freno de mano y como, tras breves instantes, se abre la puerta del conductor. Inevitablemente todo vuelve a empezar, la angustia, la respiración agitada, el corazón acelerado…
    
    Se abre la portezuela del maletero y lo primero que haces es mirar al exterior con ojos como ...
    ... esponjas, intentando absorber por ellos la mayor cantidad de información posible. ¿Dónde estamos? ¿Hay más gente o estamos solos? ¿Es un lugar público o privado?...
    
    MiAMO engancha por el mosquetón la correa de eslabones metálicos a la anilla de mi collar y tirando de ella, sin mediar palabra alguna me obliga a bajar del coche. Estamos en el final de un camino mal asfaltado, entre cañizales altos que no dejan ver nada de lo que sucede a lado y lado. Al frente, el camino asfaltado se convierte en otro polvoriento y sin asfaltar, con profundos surcos provocados por el paso de vehículos cuando el suelo, húmedo aun por la lluvia, se ablanda y no es capaz de soportar su peso. No parece haber nadie más y eso me calma algo.
    
    Con un severo tirón de correa miAMO me indica que inicie la marcha. A duras penas le puedo seguir, descalzo como voy, por el camino reseco y pedregoso. A cada curva mis ojos intentan adelantarse a nuestros pasos en un vano intento de averiguar lo que me espera más allá. Mis huevos presos del “ballring” de acero que los rodea permanentemente por detrás de la polla, se bambolean dolorosamente chocando contra mis muslos a cada traspiés, y los cascabeles que penden de mis pezones anillados no dejan de sonar, delatando, entre chivatos y cotillas, todos mis movimientos.
    
    Sigo los pasos de miAMO con la cabeza gacha y a un paso por detrás de él, colocado siempre a su derecha (Modestia aparte, estoy bien entrenado y se cuáles son mis obligaciones) hasta una zona en ...
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