1. NO SABIA LA ENFERMEDAD DE MI MUJER, Y SI LA MIA.


    Fecha: 25/12/2019, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Anónimo, Fuente: SexoSinTabues

    ... garganta, estaba bien entrenada en su entrega y sumisión hasta ese punto, y eso me complacía enormemente. Me aproxime lentamente a ella, empecé por acariciar sus cabellos. Despacio baje mi mano por su nuca, acaricie sus hombros. Suavemente, la deslice por aquella espalda tan solo rozándola mientras ella se estremecía a Mi contacto. Mi mano paso con más firmeza por encima de sus nalgas, y se dirigió hacia su coño desde detrás. Juan- “¿Cómo estas zorra?” – quise saber. Rosa - “Mojada y excitada Amo, como la zorra que soy. Sabes lo mucho que te pertenezco Amo” – dijo ella. Mis dedos empezaron a recorrer aquellos mojados labios de su coño. Su respiración se aceleraba por segundos, tan solo un leve suspiro emitió su boca en el momento que mis dedos aprisionaron suavemente su inflamado clítoris, la zorra estaba muy mojada. Aproxime la punta del mango del látigo en medio de aquel coño totalmente abierto. Lo fui restregando contra él, hasta que este quedo perfectamente lubrificado con los flujos emanados por ese coño, y en ese momento, lentamente lo introduje un poco, solo hasta la parte que simulaba el glande. Juan - “¿Quieres más, zorra?” – pregunte. Rosa - “Si Amo. Calienta más a esta puta. Soy una perra en celo que desea sentirse más tuya, te lo suplico Amo” – respondió. Realmente estaba orgulloso de comprobar lo que aquella sumisa había avanzado. Era así como yo deseaba que estuviera, sabía complacerme. Introduje aquel mango, lentamente pero sin parar hasta el fondo de su coño, ...
    ... mientras ella se agitaba llevada por la excitación. Juan - “¡Quiero que lo mantengas ahí, aprisionado por tu coño hasta que acabemos!” –ordene. Rosa - “Si Amo” – respondió con la voz agitada y temblorosa por el puro placer que sentía. Despacio me di la vuelta y me fui separando de ella, hasta quedar a unos dos metros. Tome el látigo para flagelarla. Lo agite en el aire y sonó el temido chasquido. El seco sonido en aquella mazmorra hizo que María y Milagros se estremecieran mientras miraban el suelo. Juan - “¡Levantar la vista, perras”. Debéis de ver lo que algún día espero que me ofrezcáis” – dije. María - “Amo, cuando tú lo creas oportuno, estas perras estarán dispuestas a hacerlo” – dijo, mientras lentamente levantaba la cabeza y dirigía su mirada hacia la cruz. De nuevo agite el látigo en el aire, lo dirigí hacia la cruz y el estallido se produjo a escasos centímetros de la espalda enrojecida de Rosa. Pude ver como aquel mango en forma de consolador clavado en su coño se movió, signo sin lugar a dudas, del estremecimiento que había sentido. El siguiente movimiento del látigo no finalizo con un chasquido. El movimiento ondulante que se trasmitía desde mi mano hasta la punta del mismo, hizo que esta vez se estrellara contra la desnuda espalda. Un sonido ahogado, casi imperceptible salió de la boca de ella. Lentamente, contemplando como aquel primer latigazo ya estaba haciendo florecer una marca en la espalda, fui agitando el látigo y preparando el que sería el segundo. Juan ...