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Oye Nencho
Fecha: 09/01/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: wastedLalo, Fuente: SexoSinTabues
... un sitio donde pasarás una larga temporada con otro niños como tú aprendiendo tus nuevas funciones y una nueva lengua. Es necesario que hables la lengua de la nueva familia que te adopte, ellos, desde luego, no van a aprender la tuya. Tendrás que olvidar todo lo que has aprendido hasta ahora y aprender lo que se te enseñe. No temas, a poco que te muestres obediente te resultará sencillo. Llegamos a un sitio que desconozco. Aún hoy no sé dónde aterrizamos. Sólo sé que me metieron en un coche, siempre acompañado de aquella señora de la que iba cogido de la mano y que se había convertido en mi única referencia en el mundo, y estuvimos circulando durante varias horas por carreteras de curvas hasta llegar a un lugar inhóspito y aislado donde se levantaba una impresionante fortaleza. Allí seguí a la señora que me llevaba de la mano y tras cruzar una inmensa puerta de hierro entramos en un claustro donde nos esperaban dos mujeres. La más joven se acuclilló y extendió sus brazos hacia mí. Yo me refugié detrás de la falda de aquella señora de la que no sabía su nombre pero que yo ya había convertido en mi madre desde que me dijo que la mía, la auténtica, había muerto. —Venga nencho, sé bueno. Ve con ama María. Ella se ocupará de ti. No tengas miedo. Me agarré a una pierna de la señora y me negué a soltarme. Llevaba medias de seda y zapatos negros de tacón. Me resbalé por su pierna y me encontré en el suelo sobre uno de sus pies. La señora de expresión bondadosa levantó el otro pie y ...
... me clavó el tacón de su zapato en el hombro. Solté un grito de dolor y aflojé mi presión sobre su tobillo, momento que ella aprovechó para zafarse de mis manitas y ya sólo escuché el taconeo de sus zapatos sobre las baldosas que llevaban a la salida. De vueltas con la llantina. Sabía que aquella señora acababa de dejarme. No me importaba que me hubiera pisado y que me hubiera hecho daño, era lo único que tenía en aquel mundo desconocido para mí y no quería que me dejara. Ya había perdido a una madre y no quería perder a otra el mismo día. La chica joven, la llamada María, me recogió del suelo. Tenía unas manos blancas como la nieve. Era la primera vez en mi vida que veía a una persona con la piel tan blanca. La mía tenía el bronceado de la miseria, de los días al sol esperando la lluvia. Me quedé fascinado por aquella blancura que parecía la representación de la inocencia. Ella me rodeó con sus brazos y suavemente me atrajo hacia su pecho. Me apreté contra ella y olí su aroma natural: olía a jazmín. —Vamos, ven con María, ven nencho, verás qué bien lo pasamos. Ahora conocerás a otros niños como tú que están a la espera de que sus nuevos papas puedan recogerlos y llevárselos a vivir con ellos. Tenía claro que la señora de las media de seda y los zapatos negros de tacón ya no iba a volver. Me había dejado con aquellas señoras. La más mayor habló algo con la más joven, la tal María, a cuya nívea mano seguía yo cogido. Me fijé que María calzaba unos zapatos muy parecidos a los de ...