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Oye Nencho
Fecha: 09/01/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: wastedLalo, Fuente: SexoSinTabues
... quedé mirando sin comprender. Ella sonrió y cuando iba a sonreír yo su nívea mano cruzó el aire y me estampó un bofetón que me arrojó al suelo. ―Sí, ama María – dijo ella con esa voz de ángel y su sonrisa radiante, como si no me hubiese pegado. De hecho estaba tan confundido que creo que no me pegó ella. Aún hoy no sé si me pegó. Acabé en el suelo con cinco dedos marcados en mi mejilla pero pensé que no podía haber sido ella. – A ver, repite. ―Sí, ama María – dije poniéndome en pie y frotándome la mejilla que me ardía. Ella me revolvió el pelo y volvió a besarme en la mejilla. ―Tienes un pelo precioso, serás un chico muy guapo – me dijo pasando sus nudillos por mi mejilla enrojecida – te duele? – me preguntó. Negué con la cabeza. Me encontraba totalmente fascinado por aquella joven que debía tener unos veintipocos años, que vestía una blusa amarilla, una falda con mucho vuelo de color azul cobalto, ―Ahora quítate tu ropita y ponte esta túnica – me dijo señalándome una tintada de negro de mi talla que acababa de traerle una niña vestida con una corta túnica azul, por lo que supuse que estaba ya algo avanzado su entrenamiento. La niña se arrodilló ante María y se inclinó hasta besarle los zapatos. Yo me quedé mirando a la niña de la túnica azul y a María. Luego la niña se levantó, María la acarició, le dijo que lo había hecho muy bien y se marchó radiante. Yo estaba aún desconcertado. Ver a la niña de la túnica azul besar los bonitos zapatos de María me había dejado ...
... intranquilo. María me apremió para que me desnudara y me pusiera la prenda que me había dado. Había un espejo y cuando estuve vestido con la túnica me miré. Se veían mis escuálidas piernecillas que parecían alambres torcidos. De repente me sentí poca cosa. La misma sensación que había tenido momentos antes en brazos de María, mientras me mostraba a los otros niños. María se me acercó y agachándose me acarició las nalgas desnudas por debajo de la corta túnica. ―A ver, deja que te mire ahí abajo… hay que hacer una primera evaluación – dijo moviendo su blanca mano de uñas pintadas en rojo brillante, acariciando con las yemas de los dedos la cadera, los muslos y hasta las ingles sin que yo me apartara. Ella levantó los ojos almendrados y me miró. Dibujó una agradable sonrisa. ―Prometen, chico, prometen – ahora vamos, tienes mucho por aprender. Me dio la mano y tomándola la seguí. *** La dirección del centro corría a cargo de una mujer despiadada, una japonesa de clase alta temida por todos, celadoras e internos, y muy especialmente por aquellos que habían sido devueltos desde las familias de acogida para su reeducación, que respondía al nombre de señora Tamako. María llamó a Isabel, la preadolescente hija de papá. La niña se acercó a María y me miró con desprecio. ―¡Lolo, ésta es el ama Isabel! ¡Salúdala! Lo único que se me ocurrió fue decir buenas tardes y recibí mi segundo bofetón. Volví a caerme al suelo. Isabel se rió. María me miró enarcando una ceja y con la mano con la que acababa de ...