1. El calvario de Luciana (8)


    Fecha: 13/01/2020, Categorías: Grandes Relatos, Autor: señoreduardo, Fuente: CuentoRelatos

    Luciana estaba programada para no protestar y mucho menos resistirse. La droga y las sesiones semanales de hipnosis impedían que su cerebro tuviera pensamientos libres. Pero sí podía, como ya se ha explicado, experimentar sensaciones y en este caso sus sensaciones era el desagrado y el miedo, por eso lloraba.
    
    El cliente tomó la almohada, la dobló en dos y luego de colocarla en el centro de la cama le ordenó a la jovencita:
    
    -Ponete boca abajo sobre la almohada, puta de mierda. –y cuando Luciana estuvo en esa posición le ató las muñecas y los tobillos a las cuatro patas del lecho, mientras la pobre no dejaba de temblar.
    
    El ingeniero Heriberto M. se dio cuenta:
    
    -Tenés miedo, ¿eh, perra puta?. –dijo y emitió una risita siniestra mientras sobaba con ambas manos ese portentoso culo que tenía por completo a su disposición. Miró el plug anal, que había depositado en la cama junto a la vara, lo tomó y fue acercándolo lentamente al objetivo. Era un cono de color piel, de 10 centímetros de largo por tres de ancho en su parte más gruesa, con una base rectangular y curvada que aseguraba su ajuste una vez introducido.
    
    El vejete sabía que en la mesita de luz había un pote de vaselina para esta clase de situaciones, pero no pensaba usarla ya que lo que se proponía era hacer sufrir a Luciana lo más posible con el límite que Emilia imponía para el uso de sus putas: no heridas, no sangre; límites que no surgían de algún sentimiento de piedad hacia esas desdichadas, sino porque ...
    ... de resultar heridas estarían algunos días sin trabajar y las arcas de la proxeneta se verían afectadas.
    
    Apoyó la punta del plug en el rosado agujerito y mientras sus ojos brillaban de lujuria y crueldad fue presionando hasta que el esfínter comenzó a ceder y el plug fue introduciéndose en el ano. Luciana gemía y fue entonces que el viejo lo metió de golpe hasta la base, arrancándole a la pobrecita un agudo grito de dolor al par que se retorcía desesperada, sujeta por las cuerdas que la ataban a la cama. Era demoníaca la expresión del rostro del ingeniero cuando movía el plug hacia delante y hacia atrás y gozaba del sufrimiento de su indefensa víctima, que no cesaba de gritar y retorcerse inútilmente. Por fin, después de varios minutos, el pervertido decidió que ya era tiempo de pasar al siguiente suplicio y entonces empujó el plug hasta que la base se pegó al orificio anal, se puso de pie junto a la cama, tomó la vara y mientras la hacía silbar en el aire una y otra vez deleitándose con los gemidos dolientes de Luciana dijo:
    
    -Bueno, perra puta, ahora sí que vas a saber lo que es bueno. –y miraba fascinado, con los ojos muy abiertos, ese culo que se ofrecía a su sadismo.
    
    Alzó el brazo derecho, lo mantuvo un par de segundos en esa posición mientras elegía el blanco y lanzó después el primer varillazo que restalló sobre ambas nalgas.
    
    -¡¡¡Aaaaaaaayyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy!!!
    
    El grito desgarrador de la jovencita lo estremeciò de goce desde la ...
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