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Mozambia
Fecha: 16/01/2020, Categorías: Información, Autor: Tothem, Fuente: CuentoRelatos
... Otto, se que es de tu confianza. El teniente Otto caminaba de arriba abajo de la habitación, Ana estaba sentada. — Dígame una vez más como se llamaba, ¿de qué le conocía? — preguntaba Otto en tono intimidatorio. — Yo… yo… yo solo sé que le llamaban Luders… no… no… por favor… — dijo entre sollozos ella. — Y los otros, ¿cómo se llamaban? — pregunto gritando el teniente. — ¡Yo solo trate con ese! ¡por favor! ¡créame déjeme! — ¡Por última vez, ¿quién era el otro enlace?! — pregunto mientras descolgaba el teléfono. Mientras tanto en otra habitación distendidos y relajados, los dos hombres charlaban. — Eres un buen colaborador Franz, y te lo agradecen, no te gusta dejar ningún cabo suelto y el C.I.M (Centro de inteligencia de Mozambia) lo sabe. — Tú también como inspector de operaciones haces una labor encomiable. — Cada uno sabemos nuestra tarea, yo como inspector local conozco todas las fuentes de información y por ello confío en ti — dijo mientras descolgaba el teléfono y se ponía al habla —. Perdón, era Otto, dice que no colabora, o no sabe, pide permiso para actuar o, si creemos conveniente dejar el caso cerrado, tú decides. — La cosa está empezada, que actué con el protocolo, que pruebe con intimidación, quizá nos de resultados — dijo categórico Franz. Otto colgó el teléfono al mismo tiempo que se alisaba su blanco bigote, su cara adusta y avejentada, llena de arrugas le daban esa austeridad castrense. Más de 35 años de servicio le daban ...
... esa disciplina de saber actuar en todo momento. Caminó hacía la puerta con brusquedad al mismo tiempo que la abría gritaba a los dos guardias: — ¡¡¡Despelotadla y llevadla a dar el paseillo, que vea un poco el lugar, igual se le aclaran las ideas y recuerda mejor!!! — ¡¡No!! ¡¡no!! ¡por Dios! ¡no sé nada, lo juro! — gritaba Ana en tono suplicante. Es desnudada, indefensa con su cuerpo sin ropas se muestran unos pechos turgentes y unas piernas moldeadas a base de gimnasio, tiene el pelo desaliñado, las lágrimas le caen, se pone las manos delante de su sexo y es obligada a caminar por el pasillo con Otto tras ella; en el pasillo hay puertas abiertas, hay expectación de policías mirando, aunque no se atreven a hablar, Otto impone respeto, es su teniente y es muy estricto. Otto llama a una puerta y entra. — ¡Vaya! ¡qué tenemos aquí! —exclama, un hombre calvo de edad avanzada y con unos galones de sargento. — ¡Ya ves! No quiere colaborar, por un simple nombre me hace pasar por un hombre malo —dijo en tono socarrón Otto. — Tú, zorra, si supieras quien es el teniente y lo que les pasa, no te atreverías a… — Te doy otra oportunidad —dijo Otto— dime nombres. — ¡Juro por Dios que lo que he dicho es la verdad! –dijo en tono suplicante al mismo tiempo que lloraba. Franz se levanta con el puro en la boca, mira a través del espejo que da a la sala contigua, va de un lado para otro, el repiqueteo del teléfono le hace pararse. — Si, dígame… de acuerdo… consultaré ...